Activistas piden la liberación de Ely a un santuario de elefantes

Activistas de la organización Proyecto Gran Simio están organizando una campaña para que Ely, la única elefanta del Zoológico de San Aragón, en la CDMX, sea liberada a un santuario,...

Activistas de la organización Proyecto Gran Simio están organizando una campaña para que Ely, la única elefanta del Zoológico de San Aragón, en la CDMX, sea liberada a un santuario, alegando que su salud se está deteriorando. Además de sus campañas de difusión, una petición en Change.org, los activistas también presentarán una denuncia ante la Procuraduría General de la República (PGR) por maltrato animal.

 

Sin embargo, las autoridades pertinentes han respondido a las acusaciones de la organización asegurando que los activistas, además de estar evaluando la salud de la elefanta fuera del contexto de su condición previa a su rescate, están adjudicándole padecimientos inexistentes.

 

La historia de Ely

Ely, una elefanta loxodonta africana, fue rescatada en 2012 del Circo Hermanos Vázquez. Entonces, el Gobierno de la ciudad pagó 3.4 millones para adquirir a Ely. No se sabe exactamente, pero se calcula que la elefanta tiene unos 35 años.

 

Voluntarios de Proyecto Gran Simio han monitorizado a Ely desde hace dos años. En los últimos dos meses, incluso la visitan diario durante cuatro horas. Los activistas notaron un deterioro notable en Ely desde que en abril le fuera aplicada la eutanasia a Maggie, convirtiéndola en la última elefante del zoológico. Maggie fue una elefanta de unos 60 años de edad que sufría de osteoartritis avanzada.

 

¿Mejor o peor?

Según la directora general de Zoológicos y Vida Silvestre de la CDMX, Claudia Lewy, el ánimo de Ely ha mejorada. Durante su instancia en el circo fue alimentada principalmente con bolillos, estaba desnutrida, sufrió una fractura en una de sus patas y tenía una herida abierta en su mandíbula por el gancho que se colocaba en su boca para manejarla. Actualmente, Ely ha sido tratada de todos sus padecimientos, se ha optimizado su dieta, se ha adecuado su hábitat y no padece de enfermedades crónicas, según Lewy.

 

Por su lado, los activistas critican que el trabajo del zoológico ha sido insuficiente y que estaría mejor en un santuario natural. Gran parte del hábitat de Ely sigue siendo de concreto, además sigue sufriendo de sus patas tiene problemas en la piel [que sí se le ve bien arrugadita] y presenta comportamientos vinculados con el estrés, como comer sus propias heces.

 

¿Fueron tan abismales las condiciones previas que vivió Ely, que años después continúa con repercusiones psicológicas y fisiológicas? Nosotros no sabemos, pero esperamos que el bienestar de Ely realmente sea la prioridad de sus cuidadores, y consideren su posible traslado, en caso de ameritarse.

 

 

 

Vía Animal Político, El Universal