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La Oscura Verdad detrás del episodio de Britney Pelona

Britney Spears Pelona tenía razón, pero ahora es muy tarde para comprenderla y darle el lugar que se merece

El episodio es conocido por todos: el 16 de febrero de 2007 el mundo quebró a Britney Spears. Entró a un salón de belleza donde se rapó, ante la mirada de los paparazzis, y nació Britney Pelona, uno de los episodios más conocidos de nuestra historia reciente.

Por si vives debajo de una piedra o por si nunca usaste un VHS (es un cassete [es una cosa de plástico con cinta dentro] grandotote), vamos a recordar brevemente qué pasó con el nacimiento de Britney Pelona.

En 2007 Britney Spears enfrentaba la desolación de convertirse en una esbirro de la gran maquinaria discográfica y a esto se le sumaron sus problemas personales.

Por supuesto, los medios utilizaban su mal estado emocional y personal para sacar la nota (como el Erizos, pero ellos no lo hacen con estilo), lo que ocasionó que Britney, básicamente, perdiera la cabeza y el pelo.

La noche del 16 de febrero de ese año, Britney rapó completamente su cabeza frente a las cámaras de los paparazzis que la acosaban para después agarrarse a paraguazos a una camioneta, consolidando su caída y su salida de la cima de la música pop.

Para muchos esto solo fue síntoma de sus adicciones, la consecuencia fatídica de una vida llena de excesos y de irresponsabilidades que la llevaron a ser eso: una cabeza rapada y un escándalo más.

Pero la verdad es que eso no es para nada así: Britney tenía razón y su meltdown, su ida de cabras al monte, no fue otra cosa más que un tremendo grito de auxilio y una demostración de vida, que nadie atendió y que, hasta la fecha, parece un meme más que un momento clave para entender los riesgos de ese mito llamado fama.

Durante ese año, Britney perdió el juicio de divorcio contra Kevin Federline, que reclamaba la custodia de sus dos hijos, asegurando que Britney no se encontraba en condiciones para hacerlo.

A esto, se le sumó el abuso de su padre, que seguía sangrándola para vivir a costa suya y de sus hijos. Además, sus ventas estaban bajando y se le veía ya como una artista que iba de salida, ante la llegada de otras figuras más jóvenes y frescas para un público enfermo de novedad.

Britney estaba en tratamiento en ese momento, recurriendo a las mismas terapias y procedimientos que ayudaron a Eric Clapton a dejar la cocaína.

Sin embargo, el día en que llegó al salón de belleza todo eso no importó. Pidió que le raparan la cabeza y la trabajadora del lugar intentó persuadirla de no hacerlo, al mismo tiempo que sus guardaespaldas no dejaban de abrir y cerrar las cortinas para “buscar” paparazzis a las amfueras, cuando realmente ellos abrían el campo de visión de los lugares que Britney visitaba tras recibir sobornos de los fotógrafos.

Britney, después, simplemente tomó una máquina de afeitar y lo hizo. Las fotos de cuando estaba quitando su cabello y las de ella caminando al estacionamiento, sosteniendo una sombrilla, fueron la última pieza de un rompecabezas que acabó con su vida en ese momento.

Era un hecho que se quedaría sin sus hijos, era un hecho que su carrera estaba sentenciada, era un hecho que Kevin y su padre habían abusado de ella y de su posición y su dinero. Todo eso era ya real, tan real como el cuero cabelludo, tan real como la violencia.

Britney, después de eso, se alejó de todo. No volvimos a saber de ella durante años, aunque de vez en cuando se tenían noticias de ella en rehabilitación o en algún restaurante.

Durante el tiempo que estuvo fuera, Britney Pelona construyó una narrativa propia, aprovechando a sus propios abusadores y su propia desgracias para lograr la fantasía más preciada de los gringos: el Comeback.

Ese animal famélico, casi moribundo y desesperanzado que regresa para vengarse a sí mismo: It’s Britney, bitch.

Britney Spears ha muerto. Nosotros la matamos… pero logró revivir y conseguir algo que pocos han hecho. Utilizó su propia desfachatez y la patentó para otras artistas que sufran algo parecido a ella.

Esto lo hemos visto ya en Lady Gaga, Taylor Swift, Selena Gomez y hasta Madonna. Asesinar lo que otros dañaron y después revivir utilizando eso como escalera es el legado de Britney Pelona, que siempre tuvo razón, pero ahora es muy tarde para reconocerlo.

Con información de E! y Mirror.