10 oscuros detalles que no sabías sobre la boda de Lady Di y el príncipe Carlos

SPOILER ALERT: No vivieron felices por siempre 💔😭

Hace ya varios años, el 29 de julio de 1981, el príncipe de Gales, Carlos y Diana Spencer, Lady Di, se casaron en la iglesia de San Jorge.

Diana y Carlos lo hicieron casi casi que por compromiso, ya que aunque él estaba enamorado de Camilla Parker Bowles, también tenía que encontrar una novia que cumpliera las expectativas de la monarquía, y que le diera dos bellos niños que más tarde serían los príncipes William y Harry.

Pero… ¿qué pasó realmente aquel día de julio?

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Alrededor de 750 millones de personas vieron la transmisión en vivo de la boda, lo que la convertiría en la más vista de la historia de las bodas reales.

Sin embargo, el día no fue perfecto y estas cosas, también pasaron:

Diana estaba obsesionada con su vestido:

El vestido que Diana usó el día de su boda fue comisionado a los diseñadores David y Elizabeth Emmanuel, a quienes la futura princesa les dio instrucciones muy precisas.

Diana solo quería una cosa: romper el récord del vestido con la cola más larga en la historia de las bodas reales, así le hicieron una cola de 8 metros de largo.

De hecho, el vestido terminó su fabricación en el palacio de Buckingham, porque el taller de David y Elizabeth Emmanuel estaba muy chico para tremendo vestido.

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El vestido nomás no quedaba:

El estrés que la boda generó en Diana fue tal, que meses antes empezó a perder mucho peso y los diseñadores no daban con la medida correcta del vestido.

Al final se crearon cinco vestidos distintos que abarcaron distintas tallas y siluetas, porque todo tenía que ser PERFECTO.

Diana era una rebelde:

Cuando Diana llegó a la familia real, todos pensaron que era la princesa perfecta y que se iba a acomodar perfecto a las exigencias de la monarquía. Sin embargo, desde que se paró en el altar mostró su verdadera cara: la rebeldía.

¿Qué hizo? Mientras daba sus votos al príncipe omitió la palabra “obedecer”, lo cual provocó mucha polémica.

Carlos invitó a su ex:

El futuro esposo tampoco era un santo y de hecho, invitó a su ex novia (y actual esposa) a la boda: Camilla Parker Bowles.

Según se supo, el príncipe insistió en que asistiera y lo hizo, pero Diana tampoco era tan tonta y prohibió que la socia fuera al desayuno que se celebró en el Palacio de Buckingham, después de la misa.

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Diana se equivocó con el nombre del marido:

Mientras intercambiaban sus votos, Diana se equivocó con el nombre de su esposo y en lugar de nombrarlo Charles Phillip lo llamó Phillip Charles, al revés.

Pero es que imagínense… el príncipe se llama Charles Philip Arthur George, entonces por eso Diana los cambió y con justa razón.

A él se le olvidó besar a la novia:

El momento más esperado de toda boda llega en el famoso “puede besar a la novia”, pero resulta que a Carlos se le olvidó.

Sin embargo, para corregir su error más tarde, inauguró una nueva tradición cuando besó a Diana en el balcón del palacio de Buckingham, frente a todo el pueblo británico.

¿Apoco sí la quería?

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Les regalaron chorros de cosas:

Como buenos príncipes los novios recibieron muchos regalos incluso de otros países. Ronald Regan y su esposa, de Estados Unidos, le regalaron un tazón de vidrio grabado y un centro de mesa de porcelana. Canadá (país donde Isabel II es soberana) mandó una colección de muebles antiguos de madera.

En el sur, Australia les mandó 20 bandejas de plata, pero quien sí se lució fue el príncipe Fadh de Arabia Saudita, que regaló un juego de relojes de zafiro y diamante, un brazalete, pendientes, aretes y anillos.

Hubo más pasteles que en cualquier pastelería de tu colonia:

Durante su fiesta, la pareja tuvo 27 pasteles horneados por David Avery, director de la Escuela de Cocina del Royal Navy, pero ni piensen en todos esos pastelillos.

El pastel principal tomó 14 días en prepararse y se veía así.

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Una niña se accidentó:

En las bodas reales no pueden faltar los pajecitos y pajecitas. Una de estas niñas fue Clementine Hambro, descendiente de Winston Churchill, el mítico primer ministro inglés, pero resulta que se cayó y se puso a chillar en plena boda, por lo que la princesa misma tuvo que acercarse a darle consuelo.

Seguridad por los cielos:

Como todo evento en donde está la reina, la seguridad se fue hasta los cielos porque además, temían que terroristas irlandeses atacaran a los novios, cosa que por fortuna no pasó.

Sin embargo, la seguridad llegó a tal, que los diseñadores del vestido tenían que destruir sus bocetos después de mostrarlos a Diana, porque los paparazzis buscaban en la basura pistas de cómo sería el diseño.

Sin duda su boda fue la boda del siglo…

Y bueno, entre otras cosas…

Diana tenía solo 20 años cuando se casó con este señor, y además, por alguna razón extraña, su boda ocurrió en miércoles… ¡De lo que uno se viene a enterar!