Migrantes centroamericanos ayudan a damnificados del sismo en Juchitán

Un nutrido grupo de migrantes centroamericanos ayudan en los trabajos de remoción de escombros realizados por la gente de Juchitán. Estos hombres, provenientes de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador,...

Un nutrido grupo de migrantes centroamericanos ayudan en los trabajos de remoción de escombros realizados por la gente de Juchitán. Estos hombres, provenientes de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador, decidieron contribuir con su trabajo a los damnificados oaxaqueños a pesar de que en México es costumbre tratar con crueldad a los centroamericanos que cruzan por el territorio nacional en su camino a los Estados Unidos.

El grupo de trabajadores migrantes estaba conformado por una mezcla entre aquellos que estaban de paso por zonas afectadas y los que son residentes de “casas de migrantes”. Debido a que tenían palas y otros instrumentos de trabajo consigo, fueron los primeros en llegar a algunas zonas afectadas por el temblor.

Los 45 migrantes centroamericanos no se limitaron a escombrar los edificios derruidos. La catástrofe que representó el sismo del pasado 7 de septiembre obligó a estos hombres a limpiar patios, quitar pedazos riesgosos de construcciones afectadas, desempolvar muebles e, incluso, cavar tumbas para los cadáveres hallados entre las ruinas.

 “Andamos ayudando porque de México algunos comemos”, dijo Wilson Méndez, un migrante hondureño de 24 años. Lleva tres meses viviendo en territorio mexicano y comentó que había dejado su país para buscar una mejor calidad de vida para su familia. De un grupo de 9 hondureños que fueron repatriado a su país, fue el único que logró evadir a los agentes de migración en Chiapas.

 Migración me trató muy mal ahí por Arriaga, estábamos haciendo un pollo. Me agarraron de aquí y tuvimos problemas con ellos, me zafé y me pegaron un empujón.

Méndez siguió, camine y camine, hacia Oaxaca, hasta que llegó a la casa del migrante de Ixtepec, Hermanos en el camino, en donde vive actualmente. Ahí fue donde Wilson vivió el temblor:

Todos salimos a ver, creímos que se había descarrilado ‘La Bestia’. La tierra sonaba bien feo, pensé que se iba a ir […] Agarramos unas palas y nadie sabíamos a lo que íbamos. Salimos tres grupos. A puro jalón nos fuimos porque no había gas para los carros, nos movimos como pudimos.

En cuanto supieron de los desastres en localidades cercanas, estos trabajadores se organizaron para ir a ayudar. Se salieron con pocas herramientas y sin dinero, sin importarles mucho su propia seguridad.

Deniz Okeli Castillo, otro migrante hondureño, expresó: “Es una cosa bien bonita porque estamos ayudando a nuestros hermanos vecinos de país, de frontera”.

Varios miembros del grupo comentaron que están dispuestos a ayudar a los damnificados oaxaqueños y ayudarán el tiempo que sea necesario ya que les da tristeza ver que cientos de personas se quedaron sin casa.

Lo más irónico, es que algunas comunidades de Oaxaca, como Acatlán, han prohibido la parada y tránsito de migrantes en su trayecto hacia los EEUU Ahora, esas manos que fueron prohibidas, son las que los están ayudando a levantarse… ironías de la vida.

Los esfuerzos de la comunidad por contrarrestar el desastre continúan, el saldo de muertes registrado hasta el momento debido al sismo asciende a 96.

¿Qué opinas de esta muestra de hermandad? ¿Importan las fronteras impuestas por el hombre cuando las dificultades son globales?

 

Con información de: Ana Lucía Hernández