Este es el cementerio que Disney no quiere que veas

Este es el cementerio que Disney no quiere que veas porque es donde se depositan todos los artes perdidos de sus animaciones.

Este es el cementerio que Disney no quiere que veas porque es donde se depositan todos los artes perdidos de sus animaciones.

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Walt Disney, el fundador de los Estudios Disney, llegó a llamar este departamento “la morgue” porque era allí donde todo el metraje y elementos de sus películas animadas, iba a parar.

Allí una especie de curadores especializados en dibujos animados y arte plástico, mantienen las condiciones de temperatura y humedad perfectas para evitar que pedazos de historia de la animación se pudran por culpa del paso del tiempo y los elementos.

Aún así, pedazos de escenas de películas famosas como Los Aristogatos y Peter Pan, llegan a mostrar señales de envejecimiento.

Algunos artes son partes de escenas que se usaron en la película, pero otros son escenarios, personajes y animaciones que fueron rechazados en el corte final.

El material especial sobre el que se dibujaron escenas que nos conmovieron cuando fuimos niños, se pudren en esta bodega.

Con el paso del tiempo, el plástico traslúcido comienza a despegarse de la pintura y en lugar de permanecer liso, se le hacen ondas que lo hacen completamente inservibles para usarse nuevamente.

Los curadores deben usar guantes para evitar que la grasa de sus manos dañe la pintura y los materiales y de no ser por ellos, gran parte de las primeras obras de Walt Disney y su equipo, se habrían perdido décadas atrás.

Cada una de las páginas de plástico en la que se realizaron los artes, se convierte en víctima de un proceso llamado hidrolisis, que produce vinagre muy lentamente que, al cabo de los años, daña todo a su paso.

Para reparar el daño en la pintura, los artistas levantan las hojuelas de pigmento que se van separando del dibujo original, las igualan mediante procesos complejos de computadora y los vuelven a aplicar sobre la placa de plástico para evitar que el tiempo se lleve lo poco que queda de las primeras décadas de la animación.

Es un proceso largo y tedioso, pero vale la pena para conservar esas herramientas con las que el estudio Disney hizo las historias que nos conmovieron y nos robaron el aliento.