El Oscuro y milenario Origen del Xoloitzcuintle, el perro mexicano para los dioses

El origen del Xoloitzcuintle, el perro mexicano, es tan oscuro y místico como su pelaje y su edad

Existen muchas leyendas alrededor de los Xoloitzcuintles, un perro oriundo y único de las tierras mexicanas, pero su origen nos lleva al oscuro más profundo y a los tiempos más antiguos de América y México.

Por supuesto, estos animalitosbebé son muy importantes, sobre todo para nosotros, los mexicanos. ¿Por qué? Pues porque están aquí desde antes de que cualquier humano pudiera darles nombre o los pudiera tomar como aliados para esta vida.

Además, es el único perritobebé del mundo que es prácticamente calvo. Solo tiene pelito en su cabeza y en la cola, donde le crece casi como si fuera un pincel para hacer magia negra, con la que lleva almas en pena hasta el inframundo, donde las devora con sus tiernos colmillos blancos.

Y algo así es su origen. Este perrito fue visto como un regalo de los dioses por los antiguos pobladores de Mesoamérica, que son una parte de nuestros antepasados. Para ellos, el Xoloitzcuintle era el mejor guía espiritual que se podía tener en este planeta.

¿Por qué? Solo los dioses lo saben, pero hay fuentes que aseguran que su color negro, y la forma de su cuerpo, delgada y con los huesos pegados a la piel, les hicieron creer que se trataba de un mensajero del dios Xólotl, regente de la oscuridad y de las puertas del inframundo (como San Pedro, pero chido).

Así, este dios que después fue representado con la cabeza de un perritobebé, mandaba a sus pequeños Xoloitzcuintles a cuidar a los humanos más importantes del planeta, para que al morir pudieran encontrar un buen camino al inframundo, donde el Sol no brilla y solo estos canes conocen los pasos que se deben de seguir.

Pero no solo eso. Estos perritos eran tan importantes para las sociedades prehispánicas que, al considerarlo sagrado, también le practicaban rituales de sacrificio y después se comían su carne, para absorber sus propiedades divinas y rendirle culto a sus dioses.

Claro, cuando los colonizadores llegaron a nuestro pedazo de tierra no vieron estas prácticas de la manera más agradable, por lo que fueron retirando a los Xoloitzcuintles al rango de simples mascotas, como si fueran perros cualquiera de caza… en fin, así fue.

Con el tiempo, el Xolo ha recuperado su espacio alrededor de nosotros, pero ahora ya no es sacrificado para satisfacer las extrañas ideas religiosas de nadie. Se ha vuelto un aliado más, pero uno místico y completamente hermoso, como no hay en la Tierra.

Con información de Neomexicanismos y México Desconocido.