Thomas, el ganso bisexual, ciego y poliamoroso que vivió una mejor vida que tú

Si la historia de Thomas, el ganso bisexual, ciego y poliamoroso, no te hace llorar, es que no tienes corazón.

Esta historia increíble es absolutamente cierta. No les estoy aventando un choro marginal, que me encontré por ahí y que extrapolé para ganar clicks. Esta es una historia de celos, amor, traición, sexo, dolor y compromiso eterno. Esta es la historia de Thomas. Y Thomas era un ganso.

A la avanzada edad de cuarenta años, Thomas falleció en el Fondo de rehabilitación de aves Wellington. Era el asilo de sus últimos años, en donde vivió desde 2013, totalmente solo y cuidando, como monje estóico, a pequeños gansitos huérfanos.

Pero la vida de este ganso nunca fue de santidad y recato. Porque Thomas era una loca maravillosa.

En su juventud, se enamoró de un gran cisne negro al que le entregó todo su amor. Los cuidadores de aves pensaban que la pareja de Thomas, llamado Henry, era hembra. Pero, rápidamente se dieron cuenta que la pareja no podía tener hijos. En un gesto de libertad más allá de los pinguinos, Thomas y Henry se amaban rompiendo todos los moldes.

El amor homosexual de estos gansos duró 18 años. Es neta, 18 pinches años y yo no me puedo comprometer ni con una marca de cereal.

Pero esta vida rosa no fue eternamente rosa… y Thomas no vivió feliz para siempre.

Henry encontró a Henrietta, una gansa esbelta y joven que lo enamoró. Henry abandonó a Thomas, en un arrebato incontrolable de lujuria, y empezó a tener gansitos con Henrietta.

¿Saben qué hizo entonces Thomas? ¿Creen que se dejó llevar por la ira y los celos? ¿Que trató de destruir la relación que le arrebató al amor de su vida?

Pues se equivocan viles y sucios humanos: Thomas, que es mejor que todos nosotros, decidió ir a vivir con la nueva pareja y, en un hermoso triángulo poliamoroso, cuidó a los gansitos bebé frutos de la traición.

Con su nueva pareja, Thomas pasó 20 años de plenitud criando a más de 60 hijos de Henry y Henrietta.

Pero la tragedia volvió a pegar en la vida de Thomas. Henry, su pareja, su amor perdido, su vida reencontrada, murió en 2009. Henrietta, siendo joven y lozana aún, se llevó a sus patitos y dejó a Thomas completamente solo.

Thomas era todo un loquillo y aprovechó, entonces, su renovada soltería para encontrarse una gansa con la cual tener hijos propios. Pero su nuevo amor también lo traicionó, abandonándolo por un galán llamado George. Vaya nombre “George”… seguro era un patán.

Thomas se afanaba en seguirlos, porque su nueva pareja se había llevado a los únicos hijos que jamás tuvo. Nunca le hicieron caso. Los gansos lo bulleaban, le pegaban, lo humillaban… y Thomas perdió la vista.

Sus últimos años en el retiro, Thomas cuidaba patos abandonados que, como él, estaban solos.

Nunca volvió a ver. Pero, ¿de qué le servía la vista si el amor ya lo había dejado ciego?

Ahora Thomas será enterrado junto a los restos de Henry para celebrar su floreciente relación.

Reposarán lado al lado por la eternidad, los gansos bisexuales y poliamorosos que le enseñaron a amar al mundo.

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