A las gallinas de granja les gusta la gente atractiva

Si no eres atractivo ni para las gallinas del corral, es porque de plano eres muy, muy feo.

Se calcula que los humanos domesticaron a la gallina hace unos ocho mil años.

Desde entonces nuestra relación con esta ave ha evolucionado de tal forma que ya no podemos concebir un desayuno completo sin un buen par de huevitos estrellados (o revueltos).

La gallina no necesita de un gallo para poner huevos y, según las condiciones adecuadas de luminosidad y calor, una gallina sana puede poner un huevo cada 24 horas.

Esto es bueno y de conocimiento común, pero hay un dato interesante sobre la forma en la que estos bichos nos ven a los humanos.

Resulta que las gallinas pueden imaginar objetos parcialmente ocultos en sus cabecitas de pollo y que incluso pueden reconocer y diferenciar a las personas basadas en sus rostros.

En otras palabras, las gallinas saben quiénes son los miembros de una familia de granjeros y si pudieran, tal vez los llamarían por su nombre.

Además, las gallinas prefieren los rostros bellos de humanos que los feos o asimétricos.

Un estudio de 2002 encontró que estas aves sienten cierta preferencia por algunos rostros humanos basándose en su simetría.

Los especialistas responsables de este importante análisis entrenaron a dos gallinas para reaccionar ante las fotografías de un rostro femenino común.

Luego se les mostraron retratos de hombres y mujeres con rasgos muy masculinos o femeninos para ver qué pasaba.

El resultado fue que las gallinas reaccionaron ante los rostros más simétricos, revelando que las caras más atractivas les eran mucho más agradables de ver que las que no lo eran tanto.

Esto significa que estos animales reconocen la belleza a través de la simetría de los rasgos faciales y no por alguna disposición cultural de belleza en cierto tipo de personas.

Hallamos esta interesante información en un artículo de la gran National Geographic.

Ni modo, la prueba máxima para saber si eres atractivX o no, es preguntarle a una gallina.