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Ladrón roba microbús ¡con un sable samurái!

Según contó el propio ladrón, se le hizo fácil tomar la espada japonesa que estaba adornado la casa de su tía y usarla como arma para faltosear, ya que andaba muy escaso de dinero.

Las ratas de dos patas de la Ciudad de México al parecer está diversificando sus técnicas y armamento para poder darle baje a la ciudadanía con sus sagradas pertenecías. Un ejemplo de ellos sucedió el domingo 5 de febrero, cuando un ladrón con complejo de guerrero nipón y en aparente estado de intoxicación (¡que raro!), se le ocurrió la genial idea de cometer un asalto con un sable tipo samurái abordo de un confiable y moderno microbús en el Eje 6 Sur, en la colonia Guadalupe del Moral, la cual pertenece a la tranquila delegación Iztapalapa de la pacífica Ciudad de México.

Cerca de las cuatro de tarde, unos policías de la Unidad de Protección Ciudadana que efectuaban su rondín, recibieron una llamada avisandoles que unos pasajeros fueron asaltados. Al llegar a la unidad de transporte público, los usuarios les señalaron la dirección por donde había huido el sujeto.

Una vez puestos al tanto de las características de la rata-samurái, raudos y veloces, los elementos se lanzaron en su persecución y afortunadamente pudieron detenerlo a unas calles más adelante del lugar de los hechos. Eso sí, el otrora valiente ladronzuelo estaba muy escondidito debajo de un vehículo. El “angelito” de 36 años de edad tenía en su poder, a parte del sable de 50 centímetros, cuatro teléfonos celulares, así como dos carteras y dinero en efectivo.

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Según contó el propio ladrón, se le hizo fácil tomar la espada japonesa que estaba adornado la casa de su tía y usarla como arma para faltosear, ya que andaba muy escaso de dinero.  Metió la espada en su mochila de lona, junto con una botella de plástico llena aguardiente del que bebía, y salió muy valiente a buscar víctimas que le proporcionaran amablemente a fuerza una pequeña cooperación, pero lo único que encontró fue uno par de zapes y la cárcel por andar de payaso robando con tan honorable arma. Ahora falta ver que dice la tía a la que le robó la espada.