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¿Por qué Google despidió al empleado que escribió un infame manifiesto?

¿En serio fue censura?

Respuesta corta: porque dicho empleado escribió y distribuyó internamente un manifiesto justificando la discriminación de género. Además de usar argumentos anticuados, contradictorios y mal fundamentos (o de plano no fundamentados), el autor del escrito de 10 páginas violó el Código de Conducta de Google. Dicho en otras palabras, este hombre jodió su ambiente laboral diciéndole abiertamente (el “manifiesto” estaba firmado) a una parte de sus compañeros que biológicamente estaban impedidos para realizar su trabajo eficientemente.

¿Qué pasó y por qué es importante?

El escrito se viralizó en los medios de comunicación internos de Google la semana pasada. Varios empleados empezaron a reaccionar negativamente al texto en sus redes sociales, en mensajes crípticos para cualquier persona externa a la empresa. Finalmente, algunos medios se hicieron con el texto completo y lo publicaron. Una vez que todo ese chochinero salió a la luz, también nos enteramos que James Damore, el ingeniero autor del “manifiesto”, fue despedido.

 

Para esclarecer algo del contexto, a pesar de que Google se ha procurado manejar como un oasis progresista fuertemente fundado en valores de equidad, solo el 20% de sus empleados son mujeres. Actualmente Google tiene campañas y departamentos internos trabajando en deshacer su brecha de género, pero esta compañía solo es un ejemplo más de un problema sistemático en el mundo de la tecnología.

 

Censura vs libertad de expresión

Natural (y preocupantemente), el texto de Damore fue alabado por varios de sus compañeros, quienes no solo defendieron su reduccionismo biológico, sino que aplaudieron su valentía y condenaron su despido, acusando al autoritarismo de lo políticamente correcto de censurarlo. *Suspiro*

 

Para empezar, valdría la pena subrayar que nosotros leímos el texto de Dameron, sus ahora ex-compañeros de trabajo lo leyeron, otros medios lo leyeron, cualquiera podría leerlo. Es decir, o bien el texto no fue censurado, o bien la empresa líder en manejo de información no sabe censurar cosas.

 

Aún así, se argumenta que el despido fue una forma de censura, de intimidación y de querer callar ciertas ideas. Pero no realmente. Damore tuvo libertad de expresión, de lo contrario no hubiéramos leído sus “ilustres” pensamientos. El asunto es cómo usó su libertad de expresión; para degradar a sus compañeras en función de su género. Si Google considera que las públicas opiniones de Damore envenenarán el ambiente laboral, puede despedirlo. ¿Está mal tener opiniones? Está mal creer que la categoría “opinión” es un velo sagrado, puro e infalible que nos hace inmunes a las consecuencias de nuestras palabras. Está mal creer que en pleno siglo XXI se puede ser sexista sin consecuencias.

 

De todas formas, Damore declaró que planea demandar a Google por despido injustificado.

 

“¡Tú no eres mi status quo!”

Entonces, ¿había una forma inconsecuente en que Damore podía poner el tema de las discrepancias biológicas entre sexos sobre la mesa? Quizá sí, quizá no, pero la pregunta realmente es ¿cuál es la pertinencia política de dicha discusión?

 

La “biología del ser humano” es un arma de doble filo. Nuestra calidad de animales es innegable, pero simultáneamente todo lo que tocamos lo volvemos artificial y lo transformamos según nuestra voluntad. La vida es flexible, y la vida humana parece serlo aún más.

 

Victimizar a Damore sería ignorar el contexto de su situación: es un apologista de un status quo en poder. El discurso machista de la virtud de lo viril contra las carencias de la feminidad ya se escuchó durante siglos, ya se discutió, ya se cuestionó, ya se explicó y ya se presentaron evidencias en su contra y ya existen muchos movimientos sociales y políticos trabajando en deshacer sus arbitrarias injusticias y en explicitar cómo afectan negativamente a todos los géneros.

 

Actualmente hay un mejor entendimiento de cómo el contexto social, económico y cultural forman a cada individuo más allá de su mera biología. La psicología o la sociología no pueden predecir todo sobre un ser humano, pero la biología tampoco lo hace. Afirmar que una mujer es biológicamente inferior en programación, es perpetuar el contexto cultural que mantiene a la mayoría de las niñas alejadas de esa disciplina.

 

Dato curioso, así se veía Ada Lovelace, la primera persona en escribir un programa de computadora:

Ada Lovelace, matemática, hija de Lord Byron (1815 – 1852).

 

 

 

Vía Motherboard, Slate, Heavy,