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El amor en los tiempos del meme: cómo las apps de ligue han cambiado nuestras relaciones

¿Cómo ha cambiado la forma en que vemos las relaciones y conseguimos parejas? Resolvemos tu duda con algunos memes

En 2009 el Internet todavía era un ente amorfo que exploraba sus posibilidades sociales. Entre el auge de Facebook y Twitter, nació Grindr, el prototipo de Tinder, Bumble, Happn y más apps de ligue que han cambiado, sin duda alguna,la forma en que vemos el amor y cómo nos relacionamos.

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El impacto de Grindr fue inmediato. Su nacimiento en 2009 ayudó a que personas homosexuales pudieran encontrar más fácilmente a otras personas con la misma orientación sexual que ellos, sin tener que arriesgarse a ser discriminados.

Tomando esa misma idea, en 2012 Sean Rad y Justin Mateen crearon Tinder en medio de una revolución de redes sociales, que poco a poco fueron trasladando el Internet de los buscadores a Facebook, Twitter y demás sitios que funcionaban como foros, pero también como pequeños círculos sociales y extensiones multimedia para el consumo. (Vía: Time)

Las apps de ligue llegaron en un momento en que relacionarse era cada vez más fácil, pero la convivencia seguía estando restringida a los mismos círculos que existen fuera de la red.

Tan fácil como pedir una pizza

Tinder, contrario a las redes sociales existentes en ese momento, no buscaba hacer círculos o acercar vínculos. Simplemente, se trataba de encontrar gente, de manera individual, con base en gustos e intereses y, bueno, sobre todo por apariencia.

Sus creadores aseguraron que el desarrollo de la app se hizo por las posibilidades limitadas de ligar que encontraban en el mundo real y bajo la forma tradicional de convivir y con lo difícil que implica entablar comunicación con una persona extraña en la calle.

Todas las apps de este tipo simplifican los procesos de socialización y lo vuelven una ecuación simple A + B = C (si me interesas y te intereso entonces podemos hablar). En términos simples, estas plataformas posibilitan encuentros entre personas que, a pesar de poder compartir gustos, intereses y atracción física, no se conocerían. (Vía: The Atlantic)

La socialización tradicional impide este tipo de encuentros pragmáticos y casi programáticos. Sin embargo, aquí todo sucede de una manera ordenada y efectiva, ampliando las posibilidades de cada persona para elegir un tipo de pareja y un tipo de encuentro con base en el acuerdo: puede usarse para buscar parejas estables, encuentros sexuales, relaciones cortas o simplemente para entablar relaciones virtuales.

Al mismo tiempo, esto viene de una nueva forma de ver la vida:

Vida en línea

Con el paso de los años, la vida en línea pasó de ser una especie de mundo aparte para configurarse como una extensión palpable de la vida diaria de quienes se la pasan ahí.

La televisión dejó de dar las noticias en tiempo real, la radio se hizo streaming y los blogs se hicieron páginas de Facebook. Los gimmicks y el half life pasaron a segundo plano: cada quién revela su identidad y vive conforme a ella. Internet y las redes sociales modificaron la forma primigenia del Internet para darle un nuevo filtro.

Internet: ¿un mundo aparte o una extensión de lo que vivimos a diario?

De esta forma, el relacionarse con otros se asemejó más a una forma ‘tradicional’ de convivencia, salvo que con la inmediatez, multiplicidad y pragmatismo impreso en los perfiles, todos etiquetados y adecuados al individuo que representa.

Esta idea de seguridad también fue lo que el dio un impulso a las plataformas para ligar, para las que siempre habrá una dosis de “credibilidad” necesaria para otorgar a los usuarios la experiencia de aspirar, de manera implícita, a un encuentro probable con los perfiles que se encuentran dentro de estas apps.

Y es que relacionarse mediante internet tiene muchos beneficios, sobre todo si se intenta utilizar para tener vínculos sexo-afectivos: Internet permite tener varias potenciales parejas al mismo tiempo, aumentando también el rango de posibilidades y delimitándolas a través de nuestros propios prejuicios de lo que es bello o conveniente en una pareja.

Al mismo tiempo, facilita interacciones que no requieren de gran complejidad, como tener encuentros sexuales bajo el mutuo consentimiento y también, dejar todas esas mismas relaciones e interacciones en el momento que se quiera sin tener que experimentar el rechazo o la culpa de rechazar a alguien.

De forma pragmática, las apps de ligue consiguen en el usuario el efecto inmediato de la recompensa que puede entregar una interacción en el mundo físico demoraría semanas, meses o que bien podría nunca ocurrir.

Aplicaciones como Tinder, Grindr, Happn y demás, siguen una estructura de recompensas similar a la de los juegos de casino, en el que a los fracasos (los rechazos o la ausencia de un match) son sustituidos con recompensas simples (swipes extras, super likes, posibilidades de regresar en las elecciones, etcétera) para hacer que el usuario siga intentando conseguir una recompensa mayor.

Samantha Joel, doctora e investigadora de la Wester University de London, Canadá, lo explica de esta manera:

“(Las apps de ligue) son algo que la gente soltera quiere que exista. Es el equivalente romántico de una dieta mágica o un plan sencillo para bajar de peso. La gente prefiere esto porque conocerse uno a uno, en persona, es exhaustivo; y como todas las cosas que deseamos que existan -de manera mágica e ilógica-, creo que merece verse con escepticismo” (Vía: Alpha Ville)

A pesar de las recompensas simples y los beneficios que tiene para las nuevas formas de convivencia, las apps de ligue han sido un caldo de cultivo para nuevas violencias que, asimismo, se adaptan a su contexto digital, como el ghosting, el porn revenge, el catfish, la discriminación, la difusión de packs y el acoso cibernético.

El amor y la seguridad en los tiempos del catfish

Sin embargo, una de las preocupaciones más fuertes respecto a estas plataformas, es que son usadas como medios donde la prostitución, la explotación sexual y la trata de blancas ocurren a ojos de todos los usuarios y con la displicencia de los desarrolladores y dueños de las apps.

A lo largo de sus ocho años de existencia, Tinder ha tenido varios casos de redes de trata y explotación sexual que reclutan mediante las apps, buscando víctimas para después coercionarlas mediante extorsión o, en los casos más extremos, secuestrarlas y ofrecerlas a través de estas mismas plataformas. (Vía: The Star)

Dentro de Internet y desde su origen, el fingir otra vida u otra identidad es tan simple como crear una cuenta de mail y tomar imágenes de cualquier lugar de la red.

El catfish, además de ser peligroso por las posibles redes de trata y por las estafas con las que generalmente está relacionado, también es una forma en que las personas logran consumar expectativas y fantasías propias que no son conseguibles salvo mediante la adopción de un rol.

El amor se adapta a su tiempo

Relacionarse por Internet, ya sea de manera regular o en búsqueda del amor, es mucho más sencillo porque quita todas las trabas que el mundo físico pone. En una red social, se da por sentado que lo que hay en las imágenes es lo que es: nadie exige, inmediatamente, confirmar que lo que pareces es lo que eres.

Actualmente, las relaciones sociales tienen una base fuerte en las redes sociales y la forma en que se estructuran los círculos sociales. Las relaciones sexo-afectivas, o El Amorts, como lo conocemos normalmente, surge de esa misma base por lo mismo.

Los riesgos que existen ahora, como con casi todo lo demás, Internet y las redes solamente lo han hecho más cercano e inmediato… pero también los beneficios. Las apps de ligue, y las redes sociales, solo están respondiendo a sus propios tiempos y las necesidades de los sujetos actuales, que no son las mismas que tenían tus papás cuando se veían en un parque (como cavernícolas) para platicar (como cavernícolas).