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Dejar de fumar le permitió arreglar su casa y viajar mucho más

Cuando dejó de fumar ahorró todo lo que se habría gastado en cigarrillos y pudo viajar más que nunca y arreglar su casa.

Nilo Veloso solía fumarse tres cajetillas diarias, pero un día decidió dejar el cigarrillo y ahorrarse ese dinero para darle un giro de 180 grados a su vida.

Este hombre de 66 años dice que pasó al menos 34 fumando a la más mínima provocación. Lo hacía al despertar, al conducir, antes y después de comer, al ir al baño y antes de dormir.

Esta adicción hizo que Veloso gastara una cantidad impresionante de dinero en cigarrillos que, una vez que abandonó su adicción, convirtió en ahorros.

El valiente señor dijo que decidió dejar de fumar cuando un día conducía por la carretera y se comenzó a sentir tan mareado que su vista se nubló y tuvo que detener el auto para recuperarse.

Había sucedido un milagro. Nunca más tuve ganas de fumar.

Según sus declaraciones, ya había intentado dejar el cigarro con todos los métodos posibles. Dice que probó con los parches y chicles de nicotina y con los vaporizadores, pero nada sirvió, así que decidió abandonar su vicio con pura fuerza de voluntad.

Ahora, a doce años de haber cambiado su forma de vida, Veloso dice sentirse más vivo que nunca, pues todo el dinero que se gastaba en cajetillas lo usó para mejorar su casa y darle la vuelta al mundo.

Con el dinero que ahorró viajó junto a su esposa a Argentina, Chile y Uruguay. Además, cambió el colchón de su cama, compró una computadora nuevecita y una bicicleta que usa para explorar su ciudad junto a sus amigos.

Veloso dice que cada 13 de mayo peregrina para agradecerle a la Virgen de Fátima por “haberle permitido dejar de fumar”.

El señor asegura que cada año junta alrededor de mil 800 dólares y que con eso planea irse al carnaval de Río de Janeiro para desfilar junto a sus compañeros de la escuela de zamba a la que asiste desde hace varios meses.

Desde que Nilo dejó el cigarro, comenzó a sentir cambios en su organismo. No solo empezó a sentirse con más energía, sino que su pelo y piel adquirieron una apariencia más limpia y joven.

“Hasta el gusto del agua se ha vuelto diferente,” dice el señor que no se arrepiente de haber dejado uno de los vicios más difíciles de abandonar.

Vaya fuerza de voluntad de este señor.