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20 Cosas súper tontas que hacíamos en la primaria y amábamos

¿Quién más pegó lápiz adhesivo en el techo?

La primaria fue una época maravillosa de nuestras vidas, en donde no nada más yo, seguramente también tú, pasaste por bullying, fuiste el bulleador y básicamente, nos divertimos todo el tiempo.

También había profesores odiosos como Benita Valverde, en mi caso, o profes muy chidos, aunque de esos se olvida el nombre fácilmente. Aunque el punto no es ese… ¿te acuerdas de todas las cosas súper tontas que hacías y que viéndolas en retrospectiva eran una burrada?

Sí… me refiero a esto:

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O qué tal esto…

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Así que como en la primaria hicimos muchas cosas muy tontas, recordemos las más entrañables.

Jugar Timbiriche:

Seguro los niños de ahora siguen haciéndolo, pero nosotros jugábamos Timbiriche. Como seguramente recuerdas el que más cuadritos hacía era el que ganaba ¿no?

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Drogarte con los plumones que olían a fruta:

Había toda clase de plumones, pero los mejores eran los que tenían olor a frutas y esos eran la “droga” perfecta. Recuerdo perfecto esa vez que le quité su plumón a una amiguita y ella me dijo “dame mi droga”.

¿Apoco no olían chido?

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Pegar lápiz adhesivo en el techo:

Seguro nuestros papás tenían un chingo de dinero para comprar lápiz adhesivo y por eso, cuando la maestra se iba, ganaba el que pegara el llamado “pritt” arriba de su lugar.

¡Qué hermoso momento!

Mancharte la mano con lápiz:

Se dice que esto pasa cuando eres zurdo porque recorres la libreta distinto, pero obvio si eras diestro, no ibas a perder la oportunidad de mancharte con lápiz.

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Darle a alguien con una cerbatana:

Afuera de mi primaria vendían unas cerbatanas con chochitos de dulce que efectivamente, daban unos buenos madrazos, particularmente si los aventabas al cuello de tu compañerito.

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Acabar con tu goma así:

Si fulano y sutano tenían una goma así de jodida, ¿por qué tú no? Es más, todos tuvimos una goma así picoteada, nomás por hacernos mensos y perder el tiempo.

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Hacer una espada de plumones:

Tu espada de plumones no iba a durar mucho y, aunque lo sabías, al final la volvías a hacer para ver que duraba 2 segundos con vida, hasta que se desarmaba otra vez, maldi-ta se-a.

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Jugar con la calculadora:

Si tenías una calculadora lo que menos querías era saber cuánto es 3×3. No, por el contrario, te aprendías que un señor se cayó del séptimo piso, al sexto piso de un edificio. 10 personas lo vieron y entre dos, le dijeron…  508353 (SOBESE).

También estaba el del bebé, pero ese no me lo sé.

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Recoger cinco papeles por correr:

Según yo esto pasaba: la maestra designaba a un guardia durante el recreo y si te cachaba corriendo, peleándote o haciendo tus cosas, te pedía que recogieras basura. La cuota, generalmente, era de cinco papeles.

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Escribir con un microlápiz:

Aunque tenías un lápiz normal, decente, insistías en usar el mini lápiz o micro lápiz, porque seguro querías que te diera artritis y así ya no tendrías que ir a la clase.

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Pegarte las manos con pegamento:

Ponerte mucho pegamento en las manos y luego quitarte la capa que se formaba no servía de nada, pero… Pues lo hacíamos todo el tiempo.

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Hacer un mataperros: 

El mataperros no era para matar perros, sino para divertirte haciendo maldades. Era un popote con un pasador amarrado por una liga, la liga era para lanzar la punta afilada del pasador y lastimar a alguien…

Aunque eran bastante complicados de hacer.

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Echar una bomba de pedo:

Si te cachaban, una bomba de pedo podía costarte la expulsión. Yo nunca eché ninguna, pero me tocó oler un par y era tan fétido que era sinónimo de muerte.

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Jugar gato:

Como el Timbiriche, era lo más divertido del mundo jugar gato, pero lo más triste era descubrir que no eras tan inteligente y que por eso siempre perdías.

Aquí el gato:

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Inyectarte con un lapicero:

El lapicero era una maravilla, pero su punta tan frágil era una gran tentación para jugar a que te inyectabas. Aún no puedo creer el sentido de las drogas que teníamos en la cabeza.

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Invocar al chamuco con lápices:

No era el Charlie Charlie, pero era algo muy parecido. Juntando las puntas de los lápices y viendo su movimiento, podías invocar a Satán o a un espíritu del más allá.

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Rasparte con la goma del lápiz hasta morir:

Ahora se llama el Abecedario del diablo, pero antes hacíamos eso todo el tiempo. La idea era que te quedara una marca roja, horrible, con costra a los pocos días, por rasparte con la goma del lápiz casi hasta… ¿la muerte?

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Voltearse los párpados:

Había niños súper raros que se volteaban los párpados o podían poner los ojos en blanco.

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Hacer telarañas con el lápiz adhesivo:

Personalmente, me gustaba más este que el del pegamento en las manos… Si lo hacías bien. el resultado era que te acababas TODO el lápiz adhesivo en una sola telaraña súper densa.

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Mandarse recaditos:

Los niños más cool eran los que se mandaban más recaditos, y de vez en cuando, si no eras tan popular, te tocaba a ti pasarlo y no ser el que los recibía.

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En fin, había una y mil cosas más que hacíamos en la primaria, pero no me pregunten por qué, solo recuerdo las más oscuras.