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11 caricaturas y programas del Canal Once que patearon traseros de lo icónicas

Todos sabíamos que los canales buena onda eran el 5 y el 7, porque tenían caricaturas chidas y anime. ¿El Canal Once? Era esa extraña zona gris con programas “aburridos” y culturales, llenos de palabras grandes y difíciles, realmente no era el destino predilecto de nuestro ocio cuando fuimos mocosos come mocos… ¿o no?

Quizá no estemos tan conscientes de ello, pero la programación infantil del Once no solo estuvo siempre presente en nuestra tierna –y perdida– infancia, sino que muchos de estos programas de hecho nos marcaron para bien. Acompáñenos a ver esta nostálgica historia.

 

Los Moomin

No se puede hablar del canal cultural “alternativo” para el pequeño intelectual que tenías adentro sin empezar con este extraño hijo entre el folk europeo y lo kawaii japonés. [Léase con voz de mi primo, el otro Dr. Pangolín (sí, el del Ejército de Animalitosbebé] ¿Qué es un mumin? Es la creación de una hermana y un hermano finlandeses, Tove y Lars Jansson, y uno de los ejemplos más hermosos de que por más simples que sean las caricaturas, pueden contener lecciones importantes sobre temas muy adultos y actuales. Como las relaciones, ser forever alone y enamorarse de rusalkas… awww.

 

Los cuentos de la calle Broca

Ven a ver, no hay que repetir, conocer, no hay que repetir, Broca es, no hay que repetir? ¿Recuerdas? Esta caricatura juntaba una buena dosis de ñoñería (de la boba) con elementos entre el absurdo y el surrealismo, dando como resultado una serie curiosamente adictiva y cuyas moralejas eran –aún más curiosamente– satisfactorias.

Y sí, parecía que veíamos el mismo capítulo una y otra vez porque solo existen 26.

 

Babar

En algún sentido, Babar es Batman en un mundo posible donde Batman es un elefante y en vez de convertirse en un vigilante de la noche y un tratado sobre la locura y los traumas psicológicos, es un amoroso rey… de los elefantes.

Es decir, toda la dulzura de los colores, la animación y el diseño de los personajes adquiere un tinte melancólico particular si consideramos que esta caricatura también tiene su trasfondo oscuro. No eran solo elefantes bípedos asimilando las costumbres parisinas, eran personajes con pathos perfectamente humanos, enseñándonos sobre la importancia de las relaciones de amistad y familia.

 

Ernesto el Vampiro

Dioses desangrados del reino de la noche, ¿quién no quisiera ser un sensual e inmortal vampiro? Pues Ernesto era una muestra de que la no-vida en el espectro sobrenatural del mundo no necesariamente es glamorosa y libre de penas.

Sin embargo, lo que Ernesto el Vampiro sí era, es una fascinante mezcla entre el terror genuino de un vampiro grotesco como el conde Orlok de Nosferatu y humor de comedia de slapstick que sí hace reír. ¿Y qué decir de su inquietante y oscura música? Sinceramente, a mí Ernesto el Vampiro sí me asustaba.

 

Aventuras de una mosca

No tiene sentido luchar contra la lógica de las caricaturas, punto. Tampoco tiene sentido preguntarse sobre el tren de pensamiento de una mosca golpeándose repetidamente contra un vidrio. Junta ambos sinsentidos y obtendrás esta pequeña joyita escatológica (escatológica en el sentido de cropofílica).

Al igual que Los cuentos de la calle Broca, Babar, y Ernesto el VampiroAventuras de una mosca es una animación francesa.

 

La Bruja Desastrosa

Antes del fenómeno Harry Potter, nuestra imaginación y nuestro corazón ya latían frente a la idea de una escuela de magia donde los jóvenes aprendices de mago adquirían los conocimientos básicos de cualquier taumaturgo que se respete.

No tanto porque fuéramos niños excesivamente creativos (siendo la generación educada por la televisión, ya se nos estaba secando un poco el cerebro), sino por La Bruja Desastrosa. Sí, no es una caricatura, pero la torpeza de Mildred Embrollo y la mitología detrás de la Academia Cackle y la idea de que el ocultismo convive con nuestras pedestres y ordinarias vidas diarias, son absolutamente entretenidas, por decir lo menos.

 

Doug

Originalmente transmitida por Nickelodeon, Doug era una ñoñería, pero una que nos daba justo donde más se siente: en el proceso de dejar de ser un niño y madurar. Abandonar los juegos, dejar de usar la imaginación para crear mundos e historias fantásticas y empezar a usar la imaginación para crear mundo e historias donde no eres un pelele a quien nadie quiere y que no destaca (justo en tu kokoro millennial).

Eventualmente llegó al Canal Once (duh, de lo contrario no estaría en esta lista) y así más niños (y ya no tan niños) pudieron ver esta caricatura pintoresca (en serio, ¿qué onda con los colores de la piel?) con mucho corazón.

KaBlam!

Otra serie original de Nickelodeon, pero una tan buena y épica que debería estar en el top 10 de cualquier lista, no importa que no tenga que ver con caricaturas y televisión. KaBlam! era un pastiche de caricaturas, presentada como páginas de una historieta.

Sin embargo, a pesar de presentarse como un medio de ilustraciones estáticas y bidimensionales, varios de los segmentos de KaBlam! utilizaban técnicas de animación “alternativas” o novedosas. Angela AnacondaLa vida con LoopyPrometeus y Bob y la tres mil veces HHH (de hilarante) Liga de la Acción eran una mezcla de animación cuadro a cuadro (la mejor animación), “titiriteo” y hasta el uso de fotografías de actores. Definitivamente una de las mejores cosas que le pasaron a nuestra triste vida.

Bizbirije

¿Un programa que respetaba y estimulaba la inteligencia y creatividad de los niños y les permitía generar su propio contenido? Bienvenidos a Bizbirije, una idea original del Canal Once que rápidamente se convirtió en uno de los programas más exitosos y reconocidos. Además, ¿quién no soñó con aparecer en el programa? ¿O quién no conoce a alguien que jura y perjura que estuvo a punto de ser un niño/reportero bizbirije pero se lastimó la rodilla y ya no pasó?

Pero sí, en serio la netflix la netflix, yo casi fui niño bizbirije.

 

Pingu

?Pipi-pi-pi-pipi-pi-pi Pingu, Pingu? Sin duda uno de los openings más cortos y chidos de toda la historia de la animación (fuera de quizá Aeon Flux o Cookie Party). Les apuesto su lunch de sandwich de Nutella que más de uno de nosotros nos preguntamos si el idioma de estos pingüinos de plastilina era puro washa washa ininteligible o si realmente había un país del mundo donde la gente hablaba así… ¿No? ¿Nadie? ¿Fui el único lento?

Sea como sea, toparse a esta animación cuadro a cuadro (insisto, la mejor animación) en la televisión era un deleite para la vista, los oídos y nuestro inteligencia de niños tontos que debían inferir los diálogos.

 

El mundo de Beakman

El único, el inigualable, el rey de los experimentos, el santo patrono de nuestra curiosidad científica, de nuestro corazón positivista, de nuestra necesidad de conocimiento, de pensar la ciencia de forma divertida y excéntrica, éééééééééééééél es Beakman.

El fenómeno Beakman fue particularmente poderoso en nuestro lado del río (la serie es estadounidense), cosa que se ve reflejada cuando Paul Zaloom (el actor que personifica a Beakman) es invitado a nuestro país para hacer presentaciones especiales en vivo. ¿Y saben qué es lo más hermoso de todo? Dado que Zaloom no habla español, Juan Alfonso Carralero, su actor de voz oficial, es quien traduce en vivo la presentación.