“Un tatuaje es para toda la vida”, esta frase que puede parecer obvia, es de las más repetidas por mamás, tías y abuelitas cuando se enteran de que algún familiar o conocido planea hacerse un tatuaje, e intenta persuadirlo de que no lo haga.
Hacernos tatuajes durante nuestra juventud es una de las muchas cosas donde aplica el “equis, estoy chavo”. Con el paso de los años, la percepción que tenemos de ese tatuaje que en su momento nos pareció fabuloso o significativo va cambiando y es entonces cuando nos toparemos con uno de estos escenarios:
1. Él o los tatuajes que nos hicimos dejarán de parecernos algo maravilloso (y en algunos casos hasta nos darán pena ajena).
2. Seguimos obsesionados y a la menor provocación nos seguiremos tatuando
3. Gastaremos un dineral para quitárnoslos con ayuda de un láser.
4. Nuestros tatuajes nos seguirán dando orgullo, pero el paso de los años marchitaran nuestros cuerpos y ya no nos veremos tan chidos.
5. Asumiremos nuestra vejez con todo y tatuajes, y nos aceptamos cómo somos.
Y es precisamente a este último grupo al que pertenecen los protagonistas de las fotos que estamos por presentarte. Si tienes tatuajes y alguna vez te llegaste a preguntar cómo te verás en unos 40 años, aquí tienes la respuesta:
¡Quihubo!
La verdad la mayoría se siguen viendo muy bien. Comprobado: todo es cuestión de actitud.