José Monzálvez, un cazador argentino de 46 años, murió aplastado por un elefante durante una cacería en una granja privada de Namibia, en África.
El trompudo se dio cuenta de que lo iban a asesinar así que decidió poner colmillos y patas en el asunto.

Todo esto sucedió el pasado sábado 12 de agosto alrededor de las 4.30 pm en la granja/reserva privada de Moopane, situada 70 kilómetros al noroeste de la localidad de Kalkfeld. Así que no solo querían matar a un animal en peligro de extinción, sino que querían hacerlo en modo “fácil” con una zona limitada para que el paquidermo no pudiera correr.
“El fallecido era un cazador profesional que tenía un permiso válido“, indicó Maureen Mbeha, portavoz de la Policía de Namibia en la región de Otjozondjupa.

El elefante forma parte de una manada que era seguida de cerca por un grupo de asechadores humanos, tres guías namibios y dos cazadores argentinos. El animal, al darse cuenta que les pisaban los talones, se separó del grupo de elefantes y cargó en contra del grupo de hombres quienes no tuvieron tiempo de preparar sus armas ni dispararle. Monzálvez quedó atrapado debajo del animal quien lo pisoteó hasta matarlo.

Mbeha, comentó que los familiares de Monzálvez fueron notificados de la muerte en el momento. Qué bien, ojalá que también le hubieran informado a José que ir a cazar es una completa tontería y que mejor hubiera enfocado su vida y billetes a algo de provecho. Especialmente porque esta cacería no tenía un motivo de supervivencia sino que era solo recreación “deportiva”.
El fallecido, era un trabajador de una compañía petrolera en Brasil y según los reportes era un cazador experimentado, portaba un permiso de caza de especies exóticas en regla.
Si bueno, incluso el elefante le ha estampado su sello de aprobación.
Con información de: El Clarín