SHYMATAZZ: “The end of the f***ing world” (o, Cómo usar música en una serie de millennials)

Hola y bienvenidos al nuevo hogar de SHYMATAZZ, una nueva columna de opinión presentada por Código Espagueti.

Quiero agradecer antes que nada a los editores de Código, la mejor página en México de tecnología, con los análisis más brillantes de películas y videojuegos, por rescatarme de la oscuridad de Medium y ofrecerle un espacio a

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Ok sí, me acaban de informar que el nuevo hogar de SHYMATAZZ no es Código Espagueti sino Erizos.mx.

Lo cual está perfecto.

Al fin y al cabo no quería verme involucrado con un sitio de películas y videojuegos. SHYMATAZZ es una columna dedicada a la música, y entre los medios populares, la música pop es el único arte que todavía se justifica como tal. La cultura digital está sobrevalorada.

Ahora bien, Erizos.mx es una página que tiene su veladora prendida en el templo del meme, por lo que soy de la opinión de que es importante ceder una sección al ANTI-MEME. ¿Y qué puede ser más anti-meme que una columna de opinión en el sentido estrictamente tradicional? Fíjense en todo ese sexy TEXTO. Chequen esta publicación de BLOG.

Y pues vale, si les voy a compartir estos “anti-memes” cada semana, qué mejor forma de empezar que con una SEXY RE-SE-ÑA de la serie post-millennial de moda…

¡Ja! Ok no, no les voy a hacer eso.

No tienes que ser millennial para odiar todo lo que suene a “reseña”. Pero sí vamos a hablar un poco del soundtrack empleado en la nueva serie post-millennial de moda. Si tienes Netflix, seguro ya la viste. Es esta:

Vamos. Son 8 capítulos de 20 minutos cada uno. Es como si vieras una película.

¿Y por qué no la hicieron película? Porque los millennials ya no vemos películas, por eso.

¿Qué adolescente hiperactivo con un teléfono en la mano se va a quedar quieto por dos horas y media en una sala de cine? A menos de que sea algo relacionado a Marvel, yo veo 40 a 50 minutos de algo, le pongo pausa y regreso en un par de días. El día es demasiado corto y bello como para invertir dos de sus 24 horas en un largometraje.

Pero toquemos el tema del soundtrack que está increíble.

Y el de abajo es la banda sonora y algunas canciones originales para la serie cortesía del señor Graham Coxon.

El hombre de blur sabe lo que hace y nadie se atreva a cuestionarlo. Pero el soundtrack, bueno, ese es nuestro tema de discusión.

Aquellos de buen oído habrán notado que la gran mayoría de las canciones son del amanecer del pop, cuando nadie sabía exactamente qué es lo que podía pegar en la radio, si el country, el R&B o el rock n’ roll. Entonces todo tenía que ser muy sencillo y muy melodioso para que fuera accesible para las masas. Eran los 50.

Fuera de Soko y (tal vez) los Black Angels y Mazzy Star, los millennials no van a reconocer estas canciones a menos de que no hayan tenido otra cosa qué hacer en la vida más que escuchar acetatos de sus abuelos. O bisabuelos.

Pero aquí lo que cuestiono no es si la audiencia consiste de melómanos, sino el uso de un soundtrack como tal para una serie de morritos ambientada en nuestro siglo XXI.

Claro, The end of the f***ing world (o TEOTFW, pa’ los tuiteros) no es la primera serie que recurre a una falsa sensación de nostalgia. Ni siquiera en Netflix. Stranger Things y Glow tienen bonitos soundtracks ochenteros, por ejemplo. Pero ellos son congruentes. Las tramas están ambientadas en los 80 por lo que tiene sentido que escuches sintes cada cinco minutos.

Si el entorno social, los vestuarios y el lenguaje reflejan, digamos, 1984, es lógico que la música sea de esa época para crear ese encanto de haber salido de una máquina del tiempo.

Por otro lado, las historias que se desarrollan en el tiempo presente suelen tomarse más libertades con la elección de pistas. Si nos quedamos en Netflix, 13 Reasons Why es una serie que emplea tanto temas de música indie moderna (Beach House, St Vincent, Washed Out) como canciones de rock alternativo viejito (The Cure, Joy Division, Echo and the Bunnymen). Ciertos elementos como el uso de casettes como plot device y uno que otro personaje “melómano” brinda una excusa a la serie para diversificar y jugar con la nostalgia.

Ah, pero TEOTFW es diferente. Su soundtrack es casi exclusivamente cincuentero. Y aunque hay uno que otro artista que no es de los 50, su música casi siempre nos remite a esa época.

¿Por qué?

Pues es de notar que, aunque los personajes principales son adolescentes que viven en la era informática, James, el chavo, no tiene un celular, y Alyssa, la chava, rompe el suyo en el primer capítulo. El hecho de permanecer desconectados de la vida digital los tiene sin cuidado. Porque si te vas a rebelar contra “el sistema”, no hay que quedarse a medias y rebelarse nada más contra tus padres y su código de valores. También está aquel sistema que mantiene encadenado en todos los sentidos a tu generación y en la nuestra nada se acerca al poder de las redes sociales y los dispositivos móviles.

Rebeldía. Y amor en tiempos de revolución. De eso se trata. ¿Entonces qué tipo de música uso para mi serie? ¿Música indie? Muy presuntuosa. ¿Música punk? Muy fácil. Si queremos llegar a la esencia del espíritu rebelde, joven y enojado -aquel que no encaja y huye para buscar su propósito en la vida- tenemos que remontarnos a los clásicos.

Por eso el soundtrack es tan eficiente.

La audiencia no tiene que saber que la música es de los 50 o inicios de los 60 (cuando nadie sabía qué es lo que podía pegar en la radio), ni tienen que saber la historia de los primeros años del rock n’ roll (cuando los padres de familia temían que sus hijos estaban invocando al Diablo). No tienen que saber nada porque la música ya suena a eso. A rebeldía. A un nuevo amanecer en el que todas las batallas están al alcance de tus manos.

En otras palabras, el soundtrack no sirve para ambientar una época sino un estado de ánimo. Y eso está mucho más chingón.

P.D.: ¡Ahora miren “Las mangas del chaleco”!