SHYMATAZZ: ¿Qué fue de los locutores de la radio en la generación millennial?

Si fuiste una de las millones de personas que vio el Super Bowl el fin de semana pasado, es probable que hayas visto alguno de los avances de los próximos...

Si fuiste una de las millones de personas que vio el Super Bowl el fin de semana pasado, es probable que hayas visto alguno de los avances de los próximos grandes estrenos del cine. Star Wars, Avengers, Misión Imposible, etc. Muy emocionante todo aquello pero todavía falta bastante tiempo para ver esas pelis y pues qué ocio.

Ah, pero entonces llega Netflix así de la nada, en los últimos minutos del juego y dice, ¡A un lado viejitos de Hollywood! Así es como le hacemos hoy en la era del streaming. ¡Y PUM! Ahí tienes una nueva película de Cloverfield al momento en el que se acaba el partido. Nada de esperarse hasta el pinche verano. Cloverfield YA. En Netflix.

Nada más en el gabacho, el último cuarto del Super Bowl jaló 112.3 millones de espectadores, por lo que solo bastaba con un porcentaje mínimo de esa audiencia de borrachos para que Netflix estuviera del otro lado. ¿Qué más da si la película termine siendo una basura? (les puedo compartir que sí, está horrible). A miles de personas se les hizo fácil ingresar a su cuenta y darle click a un estreno sin que fuera impulsada por toda la maquinaria de promoción que suele acompañar un estreno.

No obstante el bodrio que anoche nos dejó Netflix en nuestras pantallas, estoy seguro que todos podemos tomar nota y aprender algo sobre la brillante jugada de marketing del gigante del streaming. Aquellos que se conforman con las viejas reglas del juego, naturalmente se condenan a quedarse atrás, recogiendo las migajas de los innovadores.

Ahora bien, ¿cómo podemos ver estas técnicas reflejadas en la industria musical? En otras palabras, ¿qué tenemos que hacer para que las nuevas generaciones se enteren y se enamoren de nuevas bandas, nuevos discos y nuevos sencillos, si ya no es a través de los viejos modelos de divulgación?

Ya tiene muchos años que la radio y la televisión perdieron su relevancia para acercarse a la chaviza y promover nuevo material. Aunque elementos de promoción como el video musical o el tradicional disc jockey no han desaparecido por completo, su existencia se ha vuelto más redituable en internet que en los medios de comunicación tradicionales. Por ejemplo, los videos musicales encontraron nueva vida en YouTube mientras que los podcasts prácticamente eliminaron las barreras de ingreso que antes distinguían al mundo hermético de la radio.

Independientemente de las ventajas y desventajas de las nuevas vías de difusión y promoción (ya no tan nuevas en realidad), me gustaría enfocarme en la evolución y adaptación del DJ a la cultura digital.

¿Qué es un DJ y cuál es su función básica?

¿Su función básica? Es un locutor de los que ponen música. Así de simple.

Desde que se usan las ondas radiofónicas para transmitir música, la canción siempre ha estado acompañada por un locutor que nos comparte el nombre de la pista que vamos a escuchar y el nombre del artista. ¿Para qué? Pues para tenerlos en mente cuando fuéramos a la tienda de discos y preguntemos al encargado si tenía un ejemplar de tal record. Eran días muy románticos aquellos.

Un BUEN disc jockey, claro, era aquel que no solo ponía el primer sencillo que tenía a la mano y te decía cuál fue y quién fue. También era el que se veía así mismo como un curador, es decir, aquel que comprendía su función de filtro y se dedicaba a destacar el mejor material y a ignorar lo que no valía la pena, de acuerdo a su gusto particular.

Tales DJs no pasaban desapercibidos por los radioescuchas, por los artistas ni por las disqueras. DJs como John Peel o Rodney Bingenheimer fueron instrumentales para darle forma al soundtrack de sus respectivas generaciones. Si toda la música fuera difundida equitativamente por un software es difícil decir si David Bowie, los Ramones, Blondie o demás tuvieran la penetración que tuvieron, impulsados por un DJ que se tomó la molestia de escuchar todo el material que estuvo a su disposición.

Los mejores DJs son básicamente fans de música, así música en general, y se asumen a sí mismos como dotados de un oído tan sofisticado que es su deber darle difusión a lo mejor de la cosecha musical para el provecho de las masas. Jamás en la historia la humanidad ha escuchado de una labor más noble.

Y bueno, ¿dónde estás los locutores de la era informática?

Hay uno que otro por ahí que sigue atrincherado en la radio o en los pocos canales y programas de música que sobreviven en la televisión (¿alguien se acuerda de los VJs de MTV?). Pero los más se han adentrado en el salvaje oeste del Internet donde los débiles perecen sin gloria, mientras que los fuertes… más o menos prosperan en la relatividad del medio.

Los primeros encontraron su llamado en los blogs, otros en los podcasts o en Soundcloud. Hubo los que construyeron su hogar en una de las miles estaciones de radio por internet o los que arman sus playlists de Spotify. Pero los que caben destacar son los que aprovechan las herramientas del internet de forma creativa para encontrarse un lugar de nicho en esta jungla sónica y gritar ¡Miren, aquí estoy!

Es por eso que les quiero hablar del canal de YouTube de KingNABI The GREAT, del cual fui introducido la semana pasada.

Seguro topas los videos del tipo REACT, aquel extraño fenómeno de las redes sociales en las que vemos a una o varias personas reaccionando a lo que ellos están viendo o escuchando, ya sea un partido, una película, una canción, etc. Lo sé, es un fenómeno súper peculiar y a mi me sacan mucho de onda, pero los videos react son un éxito en YouTube y en otras plataformas de video. No me pregunten por qué a la gente les mama ver a otras personas viendo cosas, es un pedo ahí de los millennials.

El caso es que la gente consume este contenido de principio a fin, por lo que me brincó lo que hace este chavo KingNABI. Aquí tenemos a un tipo de Estados Unidos que pone canciones en español de artistas como Los Ángeles Azules, José José, Juan Gabriel, Lola Beltrán, Javier Solís, Luis Miguel y uno que otro contemporáneo como Natalia Lafourcade. Y mientras vemos el video en un recuadro también nos conmovemos con las reacciones de este hombre (por lo general, pone canciones que escucha por primera vez al momento de grabar el video).

Entonces fue que me cayó el veinte. Este tipo es la encarnación más pura del locutor tradicional en la era moderna.

En primer lugar, sus reacciones no son de burla (como cualquiera podría esperar). No obstante el hecho de que no domina el español, su pasión por el lenguaje universal de la música lo lleva a disfrutar estas canciones y a difundirlas entre una audiencia que a grandes rasgos no ha sido expuesta a géneros como la balada romántica, el bolero o el pop en español.

Es de notar que en sus videos hace todo lo que hace el DJ tradicional: menciona el nombre del tema y del artista (hace lo mejor que puede con la pronunciación), pone la canción y la escuchamos en su totalidad y al final nos ofrece sus impresiones. Es tan básico que a la vez me toma por sorpresa que goce de tanta aceptación y tantos seguidores.

Pero a la vez tiene sentido porque la difusión de música nunca debe ser un negocio ni complejo ni complicado. ¡Es solo música! Solo basta del entusiasmo honesto de alguien con buen oído para que te contagie de su gusto por el material y lo demás se arregla por sí solo.

P.D.: ¡Ja! Pensaron que iba a cerrar con el video de “Panic”. Pues no. Cheap Trick.