¿Qué representaba el 7 de septiembre para Mecano?

Los temas "El 7 de septiembre" y "La Fuerza del Destino" compartían un significado especial para los integrantes de la banda de pop española, Mecano.

¿Alguna vez han tenido un amor tan intenso que no los deja permanecer juntos, y a la vez tan único que no permite que ambos quieran estar separados? Esta nota va dedicada a un amor así y para las canciones que se escribieron para rendirle honores a ese cariño.

Mecano, el grupo conformado por Ana Torroja y los hermanos José María y Nacho Cano, abrió por cuenta propia la puerta de la música popera moderna al público de habla hispana. Sus canciones se han vuelto himnos para los nostálgicos, los románticos y los ebrios.

Mecano era una agrupación y no era un secreto la difícil relación entre los hermanos Cano. José María y Nacho componían y grababan todo en solitario. Sin embargo, ambos hermanos luchaban por componer la mejor canción. En esta ocasión la competencia rindió fruto,  pues generó música hermosa que es recordada hasta el día de hoy, cuando menos cada 7 de septiembre

El Destino de Mecano

Entre sus muchas grandes canciones, hoy queremos hablar de dos en específico: “El 7 de septiembre” y “La Fuerza del Destino”.

¿Por qué esos dos temas? Porque retratan dos lados de la misma moneda, el antes y el después de una de las relaciones amorosas que marcó la historia del grupo, la de Nacho Cano con la escritora Coloma Fernández Armero.

Ambos temas fueron dedicados a Coloma. “La Fuerza del Destino” era una oda a la pasión del amor que Nacho y ella compartieron por tres años mientras que “El 7 de septiembre” es un himno a las parejas que no terminan mal y que saben que, a pesar de todo, cada uno ocupa una parte importante en la vida del otro.

“El juego del amor nos tuvo tres años jugando, luego nos separó, pero la fuerza del destino nos hizo repetir”.

Coloma Fernández Armero y Nacho Cano. (Foto: Pinterest)

Corría el 7 de septiembre de 1981, Coloma era entonces estudiante, gustaba de divertirse en los clubes madrileños influidos por “La Movida”: la nueva ola musical que permeaba las calles madrileñas. Fue ahí que conoció a Nacho, el amor “que ha marcado toda mi vida”.

“Nos vimos tres o cuatro veces por toda la ciudad, una noche en el bar del Oro, me decidí a atacar”.

Ese amor vivió intermitentemente desde que Nacho y Coloma eran adolescentes hasta su edad adulta. Tristemente terminó después de ocho años, aunque no todo estaba perdido. A pesar de los roces y las peleas durante toda la relación, estos “exes” lograron mantenerse como amigos y, a veces, un poco más que eso.

Estuve con Nacho más de 8 años, fue una historia preciosa, intensa, muy potente, un amor enorme. Yo solía pensar que iba a ser muy difícil superar aquello si se acababa, que sería dificilísimo y que estaba viviendo algo muy importante en mi vida.

Comentó la escritora en entrevista con Vanity Fair. Poco a poco, la ex pareja comenzó a adquirir la tradición de verse en el día que marcaba su aniversario de novios. Algo así como una celebración de lo bueno y un velorio para todo lo malo que vivieron cuando estaban juntos.

Fue así durante muchos años, diría que otros 8 por lo menos. Nos habíamos separado en diciembre y el siguiente 7 de septiembre nos fuimos a La Parra, un restaurante que a Nacho le gustaba mucho y celebramos nuestro primer aniversario de separados. Ambos teníamos mucho respeto y mucha cautela, guardamos muchísimo las distancias en aquella comida, recuerdo que intentábamos no revolver el tema.

Me conmovió muchísimo la frase ‘aunque empeñados en soplar/hay llamas que ni con el mar’, mucho“, dijo Coloma Fernández Armero respecto a la letra de “El 7 de septiembre”. “Cuando escuché la canción, sabiendo ya que nuestra ruptura era definitiva, supe que no me había equivocado. Y además entendí también que a él le había ocurrido lo mismo”.

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Ambas canciones como las vivencias en las que están basadas tienen tintes agriducles. Nos hablan de ese amor sin recato, revolucionado e incluso inocente y a la vez, de la tristeza de aquellas relaciones que no duraron lo que uno quería a pesar de los esfuerzos y los sacrificios.

“Te haces mayor, vives otras cosas, pero te sigues acordando del primer amor, es universal”, reflexionó Coloma, con un tono de satisfacción de quien sabe que en la vida y en el amor no hay absolutos. Se puede llegar a amar a alguien desinteresadamente, sabiendo que uno ya no es parte de su vida; es un amor distinto, pero, al fin y al cabo, es amor.

 

Con información de: Vanity Fair