Por qué Maluma es el EPN del reggaeton

Antes que nada, debo aclarar que no soy fan y mucho menos snob del género (¿el reggaeton tiene snobs?). Tampoco me describo como hater ni albergo prejuicios. Pero es evidente que el reggaeton está pasando por su máximo apogeo comercial y se me hace difícil no tirarle palomitas desde mi rincón oscuro del internet.

Ya sea en la vía pública, en el trabajo, en las pedas o en las redes sociales, el “reguetón” goza de una presencia imposible de negar en las conversaciones de las masas, y en esas conversaciones hay ciertas canciones y artistas que todo mundo ubica: “Mayores”, Maluma, “Despacito”, Wisin sin Yandel, “Chantaje”, J Balvin, y la que va “Baby no, baby no”, y un largo etcétera.

Pero hubo algo que me llamó la atención.

Cuando buscaba al intérprete de los temas más populares, me salían nombres como Danny Ocean, J Balvin, Luis Fonsi, Bad Bunny… pero el gran ausente era Maluma –también conocido como el juez millennial de La Voz México (ACTUALIZACIÓN: Me informan que no son “jueces” sino “coaches”, ah mira). No tiene sentido. Por mucho Maluma es el artista de reggaeton que todos conocen, el que la gente menciona cuando le preguntas “di el primer nombre de un reguetonero que te venga a la cabeza”. Pues el que sale en la tele cada 15 minutos.

Y bueno, ¿dónde están sus canciones? Porque a eso se dedica, ¿no? ¿A la música?

Entonces alguien dirá, pero mira el video de “Felices los 4”, es el éxito más grande de su carrera con 388 millones de streams en Spotify y 1,100 millones de reproducciones en YouTube. Ok ok, sí, va, resulta evidente que a la gente le mama dicha canción, pero no me acordaba bien de ella. Así que le di una escuchada y dije, “Eso no es reggaeton. Es una baladita de Sin Bandera con beat.”

Entonces me dirán de nuevo, pero MIRA el video. Hay como tres mujeres en paños menores y mucho baile sexy en la cama. Ok sí, hay todo eso, pero en mis tiempos el reggaeton era más cochino y salvaje. Supongo que el género tuvo que hacer algunas concesiones para abrirse camino hacia el mainstream.

Y vaya, Maluma es el embajador perfecto para traernos un mensaje de paz y armonía. Desde el punto de vista de los padres de familia aterrados cuando ven a sus hijas adolescentes bailando perreo, los otros reguetoneros parecen pandilleros, narcos, malandrines y demás estereotipos que no puedo escribir aquí. Maluma baby, en cambio, es un cordero de Dios.

Ahora bien, según la lista de Spotify de las canciones más escuchadas del año en México (oh Dios, el horror) Maluma cuenta con un sin fin de featurings: con Shakira, con un Piso 21, con Flo rida, hasta con Ricky Martin hazme el favor (punto aparte: es de notar las notorias similitudes entre “Vente pa’cá” y “Me rehuso”, aunque los haters dirán que no hay polémica porque todas las canciones de reggaeton son la misma canción del General).

Pero no, los featurings no cuentan porque no son más que tácticas de disqueras y managers para posicionar a un artista en el mercado. A poco creen que en una fiesta Shakira se le acercó a Maluma y le dijo: oiga, esa música que usted hace me encanta como no sabe, hay que colaborar en un tema usted y yo, ¿qué le parece? ¡Ja, ja y más ja!

Vamos, desde un punto de vista objetivo, las canciones de Maluma son, en el mejor de los casos, genéricas. Pero fuera de sus talentos musicales, Maluma cuenta con el paquete completo: una imagen atractiva para las masas, acompañada por un buen copete, presencia primetime en los medios de comunicación y una maquinaria publicitaria que trabaja día y noche para que veamos su cara bonita hasta en la sopa. ¿A alguien no le suena familiar la receta de este coctél?

Hay que admitirlo. Si Maluma no fuera colombiano ya sería presidente de México.