Se divorció porque su esposa se baña una vez al año

La mayoría de las historias de amor -al menos en las telenovelas- terminan en boda y con un “vivieron felices para siempre”. Sin embargo, a veces el matrimonio es el...

La mayoría de las historias de amor -al menos en las telenovelas- terminan en boda y con un “vivieron felices para siempre”. Sin embargo, a veces el matrimonio es el inicio de una película de terror.

Al menos eso le pasó a un hombre en Taiwán, que hace una década se casó lleno de ilusión con su novia, a la que sólo le encontraba un pequeño defecto: Acostumbraba a bañarse una vez a la semana.

Pero bueno, ese pequeño detalle en su momento no le pareció tan importante, e igual y le convenía a la hora de tener que pagar el recibo del agua.

 

Ese detallito se volvió un gran problema. Con el tiempo descubrió que los baños de su flamante esposa cada vez eran cada menos frecuentes:  De una vez a la semana pasaron a una vez al mes. Sí, su mujer era la versión corregida y aumentada del Ecoloco.

Si no saben quién es el Ecoloco, es porque están chavos, pero no se preocupen, aquí se los presentamos:

https://youtu.be/nuzgUc4kGxA

 

De acuerdo al Taipei Times, cuando llevaban diez años de casados la situación llegó a un nivel desesperante: Ella sólo se bañaba una vez al año y desde hace tiempo había dejado de lavarse los dientes y de asearse el cabello.

Más o menos así fue la transformación:

 

 

Por lo mismo, la pareja sólo tenía relaciones sexuales una vez al año. Lógico, el rascahuele está padre en calcomanías pero no a la hora de cochar.

De hijos, ni hablar.

“Sus duchas semanales comenzaron a volverse mensuales y luego no se duchaba en absoluto, por eso no teníamos sexo. También me arrebató el derecho a tener un hijo”.

Harto de la situación pidió el divorcio pero su mujer no lo aceptó. Por eso en el 2015 escapó de su casa, hasta que ella lo encontró y le exigió regresar.

Hace poco acudió a la Corte del Distrito de Nueva Taipei para solicitar ayuda. Sus abogados afirmaron que su cliente había sido víctima de tortura psicológica por verse obligado a permanecer junto a su esposa.

El juez aseguró que tras esos 24 meses de separación la relación difícilmente podría funcionar y le dio la razón al esposo.

 

El nombre de esta mujer permanece en el anonimato, y sólo se le conoce como “Lin”.

De ahora en adelante, deberían agregar esta frase en las bodas:

“¿Juran amarse y respetarse en la riqueza y la pobreza, en la salud y la enfermedad, hasta que la mugre los separe?”