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Mover a tu San Judas gigante en bicicleta, ¿qué podría salir mal?

La fe mueve montañas (dicen algunos), pero no evita que te estampes la cara dolorosamente contra un automóvil. Esta es la triste historia de un pobre muchacho que sin temerla ni deberla (o igual y sí se lo merecía, no sé, no lo conozco) se permitió una ligera distracción y se dio un nada ligero golpe (por no decir putazo, por no decir “hijodesu se vale sobarse”) y de paso le dio un santo madrazo al santito de sus ojos y su devoción.

Aquí los hechos tal cual sucedieron:

El gallardo mancebo transportaba a un San Judas gigante en la espalda mientras rodaba en su bicicleta, probablemente llevando a la figura al Templo de Hipólito para su consecuente bendición con agua bendita (a.k.a. echarle agüita).

Algún curioso que circulaba por la misma vía encontró muy extravagante la escena por lo que decidió filmarla, llamando la atención del devoto bicicletero, haciéndolo olvidar que estaba a unos metros de un carro blanco que segundos más adelante sería la fuente de su dolor, oprobio, fe rota y viralidad.

Nunca tardos, nunca perezosos, a veces graciosos, los tuiteros tomaron el video y no solo imaginaron situaciones hipotéticas, historias maravillosas, sino que hasta tomaron todo el asunto como una alegoría de su íntima vida interior.

Como los buenos cronistas de la Internet que somos, ahí les van las reacciones más coquetas de este penoso accidente:

En primer lugar, lo más obvio (el lugar común, que le llaman) fue burlarse de la falta de favores o intervenciones divinas para salvar la carita del ciclista del dolor y la vergüenza:

Otros se limitaron a esquematizar el accidente:

Mientras que otros más decidieron hacer apología de la devoción y no le dieron la razón a todos los haters  que no respetan ni a dios ni a los hombres que según una horda de hombres viejos medio pedófilos son santos (sí, esos mismos haters que ponen a bailar al niñito dios al ritmo del pasito perrón):

Hablando en serio y fuera de broma, cero chido su clasiracismo (aunque cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia):

Pero lo que sí está chido es imaginarse todas las posibles historias, todos los eventos que azarosamente coincidieron para que esa bici con ese San Juditas se estampara contra ese auto:

Y como esto es Twitter, naturalmente no faltó quien narcisistamente se sintiera aludido con el accidente:

Y recuerden las dos moralejas, no está bien reírse del dolor ajeno (ni aunque sea un seguidor de San Judas) y…