Los gringos acaban de descubrir los chapulines y nos quieren robar la “patente”

Los gringos acaban de descubrir los chapulines y andan con todo armando licuados nutritivos de insectos… Paseando por los hermosos parajes de Internet me encontré con un artículo llamado “¿Por...

Los gringos acaban de descubrir los chapulines y andan con todo armando licuados nutritivos de insectos…

Paseando por los hermosos parajes de Internet me encontré con un artículo llamado “¿Por qué los bichos se están volviendo la nueva fuente de proteína?”. No me sorprendió gran cosa que los bichos se coman o que tengan proteína… Lo que me llamó la atención es que a los gringos les sorprende.

¿Les ha tocado pasear a un gringo? ¿Pedo llevarlo a Teotihuacán, piquetes en la Zona Rosa y demás chilanguismos? Si han tenido ese extraño placer, seguro también les tocó comprar unos chapulines para pegarles un malviaje y sentirte bien riata de que comes bichos.

En realidad a los gringos y europeos les saca profundamente de pedo eso de comer insectos. Por eso a Simba le daban asco los atasques de Timón y Pumba. Por eso ven el mezcal de gusano con respeto casi religioso, los muy mamones.

En cambio en México, desde tiempos inmemoriales, nos hemos guiado por el viejo precepto universal de “Camine, repte o vuele, a la cazuele”. Y sí, nos comemos más o menos todo. En algún momento, un biólogo bien acá trató de meter unos peces en Xochimilco para limpiar las algas. El resultado fue inmediato: la banda los pescó y se los comió en taco.

Igual comemos ahuautle, escamoles, gusanos de maguey, jumiles, chapulines, alacranes y más o menos todo lo que nos hemos encontrado. Tenemos un chingo de sugerencias para malviajar a los turistas…

Lo que está tan curioso de este artículo que les mencionaba es que empieza con una gringa quejándose de haber probado un chapulín bañado en chocolate (cosa que suena muy Condesa y, por desgracia, bastante chido). Dice que se “lo tuvo que apurar con agua y fingir una sonrisa al vendedor.” Pero añade, sorprendida, que parece que los bichos están haciendo una entrada triunfal en la gastronomía.

Vaya pinche sorpresa.

Al parecer, los gringos medio yoguis, medio hippies, medio adictos al ejercicio y a mamar con el veganismo, están empezando a hacerse licuados de chapulines (a los que llaman “chapul criquet” jajaja) y a poner bichos en todo tipo de comida gourmet. Esto puede ser una buena y una mala noticia.

Por un lado, podríamos empezar a importarles toda cantidad de bichos a los gringos, a producir más y, tal vez, podremos encontrar escamoles más baratos en el futuro. También es posible que Trump nos mande a la mierda en el comercio y nos quedemos con toda la sobreproducción de escamoles y pues chingón por el atasque.

La mala noticia es que si los gringos empiezan a bañar en chocolate chapulines para que lo pruebe la banda mamona, pueden empezar a contagiar a la Condesa y pronto todas esas delicias delicadas de los bichos sean para mamar en platillos de restaurante y mantel.

En cualquier caso, el mundo se está dando cuenta que comer bichos es el asunto del futuro. Y sí, cuando nos cargue el apocalipsis, vamos a agradecer el crujido lechoso de la cucaracha.

Los bichos consumen muchísimo menos comida y dan la misma proteína que la carne de pollo o de puerco o de vaca. Se pueden cultivar en donde sea, sobreviven a lo que sea y, cosa que están empezando a topar los gringos, saben bien chido… sobre todo si te estás poniendo hasta las manitas con mezcal.

Entonces, la moraleja de este asunto es que los gringos ponen tendencias que el resto del mundo trae desde hace dos mil años, que la banda los escucha y que deberíamos bañar en chocolate unos pinches jumiles.

Hasta aquí mi reporte, Denís.