Las jovencitas soviéticas que se dedicaban a cazar nazis

Una historia de mujeres y la guerra...

El Ejército Rojo, durante la Segunda Guerra Mundial, reclutó a jovencitas para emplearlas como francotiradoras. Su tarea: volar los sesos del enemigo.

Eran entrenadas para ser letales y muchas lograron largas listas de enemigos eliminados. Pero eran unas adolescentes y muchas de ellas se desmoronaron cuando quitaron su primera vida…después, muchas de ellas, incluso, disfrutarían su labor. No era para menos, los nazis habían invadido su país y habían devastado comunidades.

A pesar de su labor patriótica, no faltaron, por desgracia, las historias de acoso y abuso por parte de sus camaradas varones. Así, las jovencitas francotiradoras tenían dos frentes de los que protegerse: el enemigo invasor y los soldados de la URSS.

Una historia que no es feliz… porque es una historia de mujeres

El machismo fue el mayor enemigo a vencer. A pesar de que algunas alcanzaron la gloria y renombre en el campo de batalla, no pudieron hacer carrera en el ejército y al regresar a su casa se les acusó de ser machorras o prostitutas.

Pero queda registro de ellas, y sabemos cada vez más sobre su historia. La investigadora rusa Lyuba Vinogradova publicó su libro Ángeles vengadores en el que cuenta la historia de estas chicas y publica los testimonios de algunas de estas francotiradoras, como el de Yekaterina Terejova, quien ahora tiene 90 años y cojea de una pierna (resultado de una herida de guerra en Sebastopol). Yekaterina llegó a abatir, ella sola, a 30 nazis.

Pero si 30 suena impresionante, está el dato de la legendaria Liudmila Pavlichenko quien, se cuenta, llegó a asesinar a 309 enemigos. La gran mayoría habría caido ante la mira de su rifle semiautomático Tokarev SVT-40.

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Las guerreras de la URSS

Pero no solo hubo francotiradoras, también hubo aviadoras soviéticas. Ambos grupos de mujeres eran la élite de las mujeres soldado del Ejército Rojo. Ante lo sangrienta que fue la guerra, la URSS mandó a más de medio millón de mujeres a servir en puestos militares: infantería, artilleras, tanquistas… hubo mujeres que se desempeñaron diversas funciones.

Incluso, se las llegó a preferir en algunos puestos (como el de francotiradoras), ya que se reconocía que eran más pacientes y tranquilas que sus pares varones. Aunque tenían la desventaja de que se les dificultaba encajar el violento retroceso del fusil.

Lida Larinóva recuerda cuando mató a su primer alemán:

He matado a una persona

Gritó en la trinchera, horrorizada ante su acto. Tonia Majliaguina, después de cobrar su primera vida gritó:

¡Era el padre de alguien, y yo lo he matado!

Después todo fue más normal, Roza Shánina decía, después de matar a más de 20 nazis:

¡Un cartucho, un fascista!

Indicando que cada muerte significaba un fascista menos en el campo. Murió al final de la guerra, al fuego de la metralla, pidiendo a sus camaradas que le dieran el tiro de gracia.

Ellas luchaban en parejas, y siempre fue traumática la muerte de una de las compañeras.

Sobra decir que, cuando eran capturadas por el enemigo, el destino de las francotiradoras era terible: violaciones, tortura y la muerte. Es por eso que había el caso como el de tres soldados (dos mujeres y un hombre) que fueron heridos y se juraron no ser atrapados por el enemigos, así que cuando llegaron los soldados alemanes, hicieron estallar sus granadas. De no suicidarse de esta manera hubieran compartido el destino de Tania Barmziná que fue capturada, torturada y asesinada con un lanzagranadas.

Así que, después de años de vivir a la sombra de sus colegas varones, por fin, todas estas historias personales, están encontrando su lugar en la gran Historia.

Con información de El País.