Martha Higareda en ‘Amarte Duele’ nos dio el ícono comunista que merecíamos

Amarte Duele es sin duda una de las películas más importantes del cine mexicano contemporáneo. Es un clásico instantáneo, pero además nos dejó a Martha Higareda como Renata, convirtiéndose en el ícono comunista que merecíamos en ese entonces.

Pensemos brevemente en esta película. La cinta de Sariñana es una reinterpretación simple de Romeo y Julieta, tal vez la historia melodramática más importante de la historia. Desde ahí no vemos grandes cambios o innovaciones, pero lo más increíble está siempre en Renata.

Ella, interpretada por Martha en sus mejores momentos como actriz, conoce a un jovenazo pobre, que viene de un lugar muy cercano a ella, pero con una condición muy diferente a su vida llena de lujos y comodidades.

Sin embargo, la vemos cambiar rápidamente al conocer a Ulises, que le enseña que su mundo era diferente al que todos viven, con lo que Renata no solo empieza a darse cuenta de que le gusta el chacal este, sino que entiende su mundo estaba sumamente cerrado a la realidad que mucha otra gente vive.

Parece algo simple, y vemos cómo esto se desarrolla casi como telenovela, pero debajo de toda esa armadura de tomas chafas y diálogos rígidos y plásticos, Renata es convierte en el ícono comunista más grande que ha tenido el cine mexicano, derrocando su alienación y rompiendo la cadena en que estaba metida.

Renata comprende, al instante, que el mundo que vive no es satisfactorio para ella, porque en tanto no sea satisfactorio para aquellos que encarnan la figura de su ser amado, es uno injusto. Evidentemente, ella es solo la hija de un burgués, por lo tanto, ella no puede lograr el impacto que desearía, por eso mismo pretende escapar.

Esto, por supuesto, le acarrea problemas con su familia, alienada y dispuesta a proteger su posición socieconómica y política, negándole la posibilidad, aunque sea mínima, de mezclarse con aquella gente que pretenden ignorar, a pesar de vivir en la misma zona.

Finalmente, ella muere, a manos del rencor que su propia clase siente con ella por renunciar a su condición natural y preferir la vida del vulgo, demostrando una verdadera consciencia de clase y no una fetichización de la pobreza o de la clase obrera.

Renata encarna la forma más pulcra del comunismo utópico, en el que la clase dominante asume su rol como opresor y desbalance del sistema económico, que está condenado a la entropía y al desequilibrio, y una vez haciendo esto, se retira de ese símbolo de opresión para buscar, junto a la clase obrera, el bien común que erradique la injusticia y el desequilibrio del capitalismo.

Amarte Duele es una película más bien chafona que intenta hacer un símil de Romeo y Julieta en México, pero con la idea de La Dama y El Vagabundo. Su desarrollo y su trama es pobre, con todo y que ya es un clásico moderno del cine mexicano, pero todo lo que nos interesa está solo en Renata.

Durante años hemos criticado a su familia, a su hermana que solo sabe que nosotros, los de abajos, como “nacos” y así se nos dice, olvidando que esto solo lo entendemos así por la rebeldía de Renata, que tomó una decisión y aceptó todo lo que conllevaba política, social y simbólicamente.

Es un personaje adelantado a su época, porque por debajo de las piedras, en las sombras y sin tener que presumirlo, se convirtió en el ícono comunista que merecíamos, aunque no el que necesitábamos.

En memoria de Renata y la carrera de Martha Higareda