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Diego Rivera: ¿el muralista caníbal?

Diego Rivera es una de las personalidades más emblemáticas que nuestro país ha producido: muralista, defensor de la ideología comunista, pareja de la legendaria pintora Frida Kahlo… y posiblemente, un...

Diego Rivera es una de las personalidades más emblemáticas que nuestro país ha producido: muralista, defensor de la ideología comunista, pareja de la legendaria pintora Frida Kahlo… y posiblemente, un caníbal.

Aperitivo: Mitos urbanos

La leyenda popular dice que este artista gustaba  jactarse de haber comido carne humana, y que incluso que el sabor le agradó cuando la probó. Pero, ¿de dónde sale este rumor?

Autorretrato de Diego Rivera (Pinterest)

Primer Tiempo: El indio

En el capítulo “La Casa Azul” del libro Leonora de Elena Poniatowska (Seix Barral, 2011), se puede leer la crónica del encuentro entre Rivera y la pintora Leonora Carrington durante una fiesta en la famosa casa de Coyoacán

Rivera, “conocido por su persistencia en conquistar mujeres” confesó a Leonora haber comido carne humana.

Carrington, cigarro en mano, paró en seco al muralista.

-Mire, Diego, no chingue, no soy una turista, soy inglesa e irlandesa.

–Y yo soy indio.

El dibujo Luna Caníbal de Leonora Carrington (Pinterest)

Segundo Tiempo: La escuela de medicina

Según el libro Mi vida, mi arte, Diego Rivera viajó a Europa para tomar cursos de anatomía en academias de medicina, fue ahí, y gracias a su amistad con médicos residentes con acceso a la morgue que tuvo la oportunidad de probar la carne humana.

Fue en ese continente en  el que tanto él como los miembros de su clase, descubrieron un nuevo y retorcido placer que provenía de esta gastronomía antropófaga:

“Eligieron los cadáveres de aquellos que habían muerto con violencia, que habían muerto recientemente y que no estaban ni enfermos ni seniles, vivimos de esta dieta durante dos meses y la salud de todos mejoró.”

Rivera incluso demostró un gusto particular por algunas partes selectas del cuerpo femenino:

“He descubierto que disfruto de comer piernas y los senos de mujeres, pues como en otros animales, estas partes son consideradas como delicias. También degusté costillas de mujer empanizadas. Lo mejor de todo, me fascinaron los sesos de mujer en vinagreta.”

Al final de ese recetario, Diego se dijo capaz de cocinar la carne de los glúteos con un sabor a estofado.

El Postre: Complejos primitivos

Sin embargo, el pintor dijo que tuvo que abandonar ese gusto adquirido para siempre, no por asco si no por la hostilidad con la que la sociedad toma esa práctica. Ese tabú, según sus propias palabras, era solo parte de un montón de recelos y prejuicios, herencia de nuestras raíces como una especie supersticiosa.

“El canibalismo no necesariamente implica el homicidio. Posiblemente la carne humana sea la comida más asimilable por el hombre. (…) creo que cuando el hombre evolucione en una sociedad más avanzada que la mecanizada y a la vez primitiva en la que está ahora, comer carne humana estará permitido. Porque entonces el hombre se habrá deshecho de todo tabú y supersticiones.”

¿Cómo ven?, ¿le creen o solo se hacía el interesante?

Con información de: Leonora de Elena Poniatowska, Editorial Seix Barral, 2011. Diego Rivera : Mi arte, mi vida, Royce editores, 1960., El País