Así de increíbles son las diosas aztecas del amor

Sacrificios que valen la pena hacer.

Afrodita es la diosa griega del amor, Venus la romana, Freya la nórdica, Oshun la yoruba, pero ¿y a qué diosas se encomendaban los antiguos mexicanos para honrar al amor? La respuesta es doble: Xochiquétzal y Tlazoltéotl.

Diosas terribles y maravillosas

Según la especialista Silvia Trejo, Xochiquétzal es una metáfora de la joven sensual que da placer sexual a los jóvenes y es hermosa, joven y alegre. Por otro lado, Tlazoltéotl es la diosa de la pasión y la lujuria, es la diosa barredora de la transgresión sexual y del adulterio.

Ambas diosas tienen que ver con distintos aspectos de la sexualidad (y de hecho, muy poco tienen que ver con la idea de amor que tenemos hoy en día que proviene del amor cortés europeo).

Xochiquétzal representa los encuentros juveniles, espontáneos y libres. Es por eso que la belleza de la diosa se asemeja a la de una flor. Nació de los cabellos de la diosa madre. Se dice que fue esposa de Piltzintecuhtli, el hijo de la primera pareja de hombres: Cipactónal y Oxomoco. Y tuvo un hijo llamado Centéotl (dios del maíz tierno, recordemos que las diosas del amor también lo son de la fertilidad). También se cree que es madre de Xochipilli el dios de las flores, la belleza y el éxtasis divino. Incluso hay quien considera que Xochipilli y Xochiquétzal son las versiones masculina y femenina de la misma deidad (tomando en consideración la dualidad de la religión mexica y el común desdoblamiento de las divinidades).

Xochiquétzal tuvo, entre las divinidades, numerosos amantes y un tiempo vivió en Tamoanchan (paraíso terrenal en el que habitaban los dioses. Ahí se creo el pulque y al hombre). También vivió en el Tlalocan (lugar paradisiaco, reino de Tláloc), ahí se encontraba resguardada y entretenida por enanos.

Por otro lado, Tlazoltéotl era “la comedora de inmundicias”, pues ella era la diosa que purificaba a aquellos que habían cometido crímenes relacionados con el sexo, principalmente el adulterio (muy castigado por los mexicanos antiguos). Cuando una persona iba a morir se podía confesar con un sacerdote de Tezcatlipoca para purificarse, pero si había cometido adulterio o algo parecido entonces debía ir con un sacerdote de “la comedora de inmundicias”.

La pasión, el deseo carnal, la lascivia, la libido, son fuerzas muy potentes que pueden hacer que las personas cometan locuras. Es por eso que Tlazolteotl era una diosa venerada y temida. Su atuendo era una banda de algodón en la cabeza con dos husos textiles en los costados. Además traía la boca pintada de negro, como solían traerla las prostitutas.

Poderosas, temidas y adoradas: ¿a cuál se encomendarían ustedes?