Trump a un mes de ser presidente ya se enemistó con 10 países

El primer roce de la administración Trump fue con México, siendo que hace décadas, los gobiernos mexicanos y estadounidenses no había atravesado una crisis tan aguda en su relación.

Desde que Donald Trump se encontraba en campaña por ocupar la Casa Blanca, ya se sospechaba que si llegaba a la presidencia habría conflictos diplomáticos con diferentes naciones. Ahora, la sospechas se han convertido en una realidad y Trump, ahora presidente de los Estados Unidos, ya ha tenido varios roces con distintas naciones a menos de un mes de haber jurado como presidente.

La primera desavenencia de la administración Trump fue con México, siendo que hace décadas los gobiernos mexicanos y estadounidenses no había atravesado una crisis tan aguda en su relación.

Cabe recordar que desde su campaña llamó a los mexicanos como “gente con un montón de problemas, que traen drogas, crimen y son violadores”. Además, el pasado 25 de enero, Trump firmó la orden de construir un muro con México, barda que pagarían los mexicanos según afirmó Donald.

Luego, el pasado 28 de enero, el presidente Trump sostuvo una conversación telefónica con el primer ministro australiano, Malcon Turnbull, que al parecer fue muy tensa. De acuerdo con algunos medios estadounidenses, Trump llegó a colgar el teléfono al australiano, aunque este, fiel a su estilo, lo negó después en una entrevista.

Claro que ninguno de los dos mandatarios ha desmentido que esta conversación haya sido incómoda, pero lo cierto es que Trump se permitió jactarse de esta dureza: “Créanme, cuando oyen hablar de las llamadas telefónicas duras que estoy teniendo, no se preocupen. No se preocupen”, dijo el presidente estadounidense. “Virtualmente, todos y cada uno de los países del mundo se han aprovechado de nosotros, pero eso no va a seguir sucediendo”, expresó.

Por supuesto, naciones como Irak, Siria, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen no quedaron fuera de la óptica de Trump y este adoptó medidas polémicas para ellos: decretó el cierre temporal de las fronteras de Estados Unidos para los inmigrantes de estos siete países de mayoría musulmana.

De acuerdo con el decreto que Trump firmó el pasado 28 de enero, los refugiados sirios tienen prohibida de forma indefinida la entrada en Estados Unidos. Además, vetó durante 90 días la entrada de extranjeros de varios países. Aunque no los especificó, el texto remite a otro decreto que se aplica a Siria, Irán, Sudán, Libia, Somalia, Yemen e Irak.

Con China también ha tenido problemas, a quien por cierto, él y su administración ven con desconfianza. Trump expresó, por ejemplo, que el concepto de cambio climático “fue creado por y para los chinos con el objeto de hacer la industria de estadounidense no competitiva”.

En el caso de Palestina, Trump le prometió durante su campaña electoral al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que si ganaba las elecciones presidenciales reconocería Jerusalén como la capital de Israel y trasladaría la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén. Este anuncio obviamente molestó a Palestina.

No contento, Trump dirigió su lengua hacia Alemania, pues Donald lanzó varias críticas a la canciller alemana, Angela Merkel, por su política de acoger a los refugiados, acto que calificó como “error catastrófico” tan solo cinco días antes de tomar posesión de su cargo.  

Pero no solamente con este país europeo Trump ha tenido desacuerdos, pues Estonia, Letonia, Lituania no confían en que Trump, en un hipotético ataque ruso recibirían el apoyo estadounidense como miembros de la OTAN.

En una entrevista en julio de 2016 con el New York Times, cuando aún era candidato, Trump no fue claro si ayudaría o no a Estonia, Letonia y Lituania en el supuesto de una agresión por parte de Moscú. “¿Han cumplido con sus obligaciones con nosotros?”, se preguntó Trump, en alusión a la aportación que hacen estos tres países a los efectivos de la OTAN: “Si cumplen con sus obligaciones, la respuesta es sí”.

Al parecer, Trump no se ha dado cuenta que su estancia en el poder puede ser muy breve, pues en cuatro años los estadounidenses volverán a votar y si para ese entonces el actual presidente no cuenta con el apoyo que tuvo en su primer periodo, tendrá que pagar, ahora como civil, todas las ofensas que hizo amparado en su investidura presidencial y es muy probable que él y sus empresas sean vetados de las naciones con las que se enemistó. Al tiempo.