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Cómo enseñarle a tu perro lo fuerte que ronca

El mame

Cómo enseñarle a tu perro lo fuerte que ronca

Este método no sólo funciona en perros, sino en cualquier criatura capaz de sentir vergüenza.

Llega un momento en la vida de toda persona, o todo perro, en que tiene que enfrentar la amarga realidad. No importa que tan guapo, talentoso y amado seas, no hay perro -o persona- sin algún ligero defecto, alguna pequeña falla. Y eso está bien, queridos lectores, no hay nada de malo en ser genuino y aceptar que la perfección es una ilusión (y una pesadilla).

 

Sin embargo, aunque todos compartamos un único y quisquilloso plano de la existencia en constante cambio por todas las fuerzas que violentamente chocan las unas contra las otras, reconocer nuestros errores y nuestra humanidad (o caninidad, o animalidad, o que estudiamos una humanidad, o lo que sea…) es extremadamente difícil y es natural que sintamos vergüenza cuando nos enfrentamos a la verdad.

 

El siguiente video es un clarísimo ejemplo de lo que el filósofo Sartre denominó “la náusea”: una sobredosis de cruda realidad tan sincera y pura que nos provoca un asco tan severo que se siente como si nos golpearan en la cara con una pala de metal… o como si nos despertaran con una grabación de nuestros propios ronquidos.

 

 

No sólo es desorientación de ser despertado abruptamente lo que inunda la mirada del perrillo, sino también negación, prontamente quebrada por el gesto afirmativo del dueño: “sí, esta perturbación en la frágil armonía del Cosmos eres tú”.

 

Pero no se preocupen, queridos lectores, con la ayuda necesaria es plausible que este perro sobrelleve la evidente depresión y ansiedad que le nació al verse cara a cara (u hocico a hocico) con sus ruidosos hábitos oníricos.

 

Así que no teman, el mundo es mezquino y cruel, pero es el único mundo que tenemos y es mejor enfrentarlo en vez de recubrirlo de dulces, dulces mentiras. Sí, la caída es dolorosa, pero… bueno, no hay ‘pero’, la caída es dolorosa y ya.

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