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ERIZOS

4 datos sexuales sobre los delfines que NO quieres saber

Los delfines son sexualmente agresivos

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4 datos sexuales sobre los delfines que NO quieres saber

4 datos sexuales sobre los delfines que NO quieres saber

En serio, no quieres saber qué esconden detrás de esas sonrisas.

Como diría el sabio Lenny, “¡Delfines! ¡Los bufones del océano!“. Claro, eso lo dijo antes de ser brutalmente asesinado por un grupo de estos mamíferos acuáticos. Aunque no lo creas (o no lo quieras creer), ese chiste de Los Simpson no está demasiado lejos de la realidad.

 

Usualmente consideramos que estos cetáceos son extremadamente amigables. Tienen vidas sociales sofisticadas y un sistema complejo de comunicación. Sin embargo, las apariencias engañan y estos animales pueden ser extremadamente agresivos, por no decir, “cruelmente agresivos”. Aunque no hay que caer en el error de juzgar a los delfines en función de nuestra cultura y nuestro comportamiento, enterarte de estas cosas hará que no vuelvas a ver con los mismo ojos a estos carismáticos cetáceos.

Masturbación

Los delfines son criaturas muy sexuales, pero MUY sexuales. Continuamente están calientes y si no encuentran con quién, encuentran con qué. El suelo marino, objetos firmes, anguilas vivas, o pedazos de peces muertos, todo es cancha cuando se trata de masturbarse. Si el placer es la meta, a un delfín le da igual el medio.

 

Dato curioso: el pene de un delfín es retráctil y prensil; pueden agarrar objetos con él. En el caso de las anguilas, estas forcejean para liberarse del agarre fálico y eso le gusta mucho a los delfines… mucho.

 

 

Infanticidio

A los delfines machos les da por matar a sus propias hijos, a veces a los ajenos. ¿Por qué? Porque la libido de las hembras baja considerablemente cuando están cuidando a su cría. La madre mantendrá por años al delfincito, y durante este tiempo no será una pareja sexual viable. Esto estresa a los machos, quienes, para acelerar el celo de la hembra, atacan a la cría hasta matarla. No hay muchos registros de estos infanticidios, pero considerando que una de las tácticas observadas consiste en intentar ahogar al bebé (debajo del agua y lejos de los ojos humanos), es posible que sea más frecuente de lo que se piensa.

 

No conformes solo con asesinar a su propia sangre, también se han reportado ataques en grupo contra marsopas bebé. ¿Por qué? Al parecer, solo por diversión. Golpean y avientan hacia el aire a las pequeñas marsopas, cual gatos jugando con un ratón.

 

 

Violaciones tumultuarias

La copulación forzada no es tan rara en la Naturaleza, sin embargo, en el caso de los delfines es particularmente agresiva. Grupos de machos se organizan para amedrentar a una hembra, aislarla del grupo y fornicar con ella, uno a uno. Estos ataques pueden durar mucho tiempo, incluso semanas. La hembra es sometida mediante agresiones sonoras, físicas, además de manteniéndola hambrienta y sin comer. Si intenta escapar, es perseguida por todo el grupo.

 

Este comportamiento también tiene el fin de resguardar a las hembras de otros grupos rivales.

 

 

Sexo interespecie

Hay casos reportados de relaciones entre humanos y delfines. Ojo: por “relaciones” no nos referimos a meros roces, sino a complejas relaciones sentimentales. Los dos casos más famosos son los de Margaret Howe Lovatt con Peter, el delfín, y Malcolm Brenner con Dolly, la delfín.

 

Claro, no podemos saber a ciencia cierta qué sintieron esos delfines coquetos, pero ambas anécdotas tienen algo en común: los humanos percibieron la evidente atracción de los cetáceos; a los delfines les gustaba estar con ellos. También, ambos delfines murieron al poco tiempo de ser separados de sus amores humanos. Algunos creen que por tristeza (los delfines pueden suicidarse), pero solo podemos –románticamente– especular.

 

Fuera de eso, los sentimientos de los humanos fueron muy diferentes. Margaret conoció a Peter, su alumno de inglés, durante un experimento en 1964. Tal cual, en el experimento intentaron enseñarle inglés al delfín. Según uno de los veterinarios, Peter estaba enamorado de Margaret. El animal solía frotarse contra el cuerpo de la científica, cosa que ella permitió mientras que no fuera brusco. Sin embargo, llegó un punto en que la concentración de Peter se volvió demasiado efímera para el experimento debido a su creciente calentura. Para facilitar las cosas, Margaret decidió echarle la mano, literal, al buen delfín. Para ella nunca fue sexual, simplemente fue “una comezón”, que había que rascar y aliviar para poder seguir con las clases.

 

En el caso de Malcom, su relación con Dolly creció poco a poco mientras él trabajaba como fotógrafo en un parque de atracciones en 1971. Malcom se sabía zoofílico y eventualmente ellos sí consumaron el acto amoroso, después del cual Dolly descansó su hocico sobre su hombro y lo abrazó con sus aletas. O por lo menos así lo recuerda.

 

Entonces, ¿seguro que aún amas a los delfines?

 

 

 

Vía WatchMojo

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